Hace tan solo dos años, al final de la temporada 2023-2024, el madridismo preparaba palomitas para contemplar el espectáculo dantesco del Fútbol Club Barcelona de Xavi Hernández. Un entrenador que había dicho unos meses antes que ese sería su último curso en el banquillo azulgrana, daba marcha atrás y pedía continuar. Pocos días después, sin embargo, aseguraba que la plantilla no era competitiva y el presidente Joan Laporta hacía lo que tenía ganas de hacer desde hacía tiempo: prescindir de él y apostar por quien siempre fue su primera opción: Hansi Flick. En ese momento, ni los más optimistas podían pensar que el desenlace sería el que ha sido. El Madrid acababa de ganar su decimoquinta Champions -ya había conseguido otra en 2022- y llegaba por fin el galáctico más deseado por Florentino Pérez: Kylian Mbappé.
El fútbol, sin embargo, es caprichoso y las cosas han ido por unos caminos que muy pocos esperaban. Flick ha resultado ser la clave para volver a hacer funcionar a un Barça que ha demostrado que sí tenía una plantilla competitiva -la intuición de Laporta no suele fallar-. Mbappé, en cambio, ha sido la condena de Florentino. Culpar al delantero francés, sin embargo, sería demasiado ventajoso para el presidente merengue. Su gestión hacía tiempo que era dudosa, como mínimo, y la decisión de apostarlo todo a Mbappé no es más que la gota que ha colmado un vaso que hacía tiempo que se encontraba al límite del desbordamiento. Es cierto que, en el camino, el Madrid ha sumado dos Champions casi sin querer -y que han hecho mucho daño en Barcelona-, pero, finalmente, se ha acabado poniendo de manifiesto el desgobierno de Florentino.
La rueda de prensa esperpéntica e histórica con la que el presidente del club blanco ha dejado a todos boquiabiertos ha sido la confirmación de lo que se intuía desde fuera: Florentino, el emperador, va desnudo y nadie se atreve a decírselo. Cuando el Real Madrid tiene más problemas de fútbol que nunca, en su comparecencia no ha habido prácticamente ninguna referencia -ni autocrítica- al departamento deportivo. En lugar de eso, presumir del pasado y, sobre todo, atacar. Atacar a todo y a todos. Periodistas, instituciones, árbitros, el Barça… y con el caso Negreira como foco principal de sus críticas. El problema es que si no fue contundente cuando le interesaba ir de la mano de Laporta por el proyecto -también fallido- de la Superliga, ahora tiene muy poca credibilidad. Y eso sin contar que aún no hay nada probado en contra del Barça.
En Barcelona, mientras tanto, el Barça ya encadena dos Ligas consecutivas con un entrenador que se ha ganado el corazón de todos los culés y un equipo extremadamente joven que parece predestinado a ganarlo todo. La Champions aún no ha caído, pero, si todo continúa igual, es solo cuestión de tiempo. El proyecto de Laporta ha quedado refrendado en elecciones y hay una unidad en el barcelonismo que hacía años que no se veía. Florentino, en cambio, que también ha convocado elecciones, probablemente las ganará simplemente por falta de oposición -o falta de oposición sólida-. Por lo tanto, en dos años los dos clubes se encuentran en las posiciones totalmente opuestas en que se encontraban al final de la temporada 2023-2024. Ahora son los culés quienes preparan palomitas, porque el show de Florentino es de película y parece lejos de acabar.

