Enforma - Món Esport
Carlos Rojo, entrenador de running: «Llenar el estómago no es lo mismo que llenar los depósitos de glucógeno»

Es el peor miedo de cualquier corredor. Has entrenado durante meses, te has dejado la piel en cada serie y llega el gran día. Sin embargo, en pleno kilómetro 30, tus piernas se convierten en plomo. El cuerpo no responde y la energía se evapora por completo.

Seguro que te suena la escena. La noche previa al maratón te das un banquete legendario. (Sí, nosotros también hemos caído en la trampa de la pizza familiar). Te vas a la cama pensando que has hecho los deberes, pero la báscula y tu rendimiento dicen todo lo contrario.

La trampa estomacal que vacía tus músculos

El experto en rendimiento y nutrición Carlos Rojo ha desarmado por completo esta práctica tan extendida como engañosa. Llenar el estómago hasta reventar no equivale a recargar tus reservas reales. El glucógeno muscular no se genera con un atracón de última hora que solo te provocará pesadez.

El verdadero peligro es despertarse revuelto, con el estómago alterado y la digestión a medio hacer. Tus músculos continúan igual de vacíos porque el organismo no tiene tiempo físico de procesar tanta cantidad de comida. La noche anterior ya es demasiado tarde para milagros.

El método de los tres días: la carga real

La estrategia científica exige un cambio de mentalidad radical. La carga de combustible debe comenzar entre 48 y 72 horas antes del disparo de salida. No se trata en absoluto de comer más cantidad hasta reventar, sino de redistribuir de forma inteligente los macronutrientes en tu plato habitual.

La regla de oro de los expertos: durante los días de carga, los carbohidratos deben pasar de representar el 50% habitual a devorar entre el 70% y el 75% de tu dieta diaria.

Para lograrlo sin morir en el intento, necesitas aplicar un corte drástico al grasa, la fibra y las proteínas. El objetivo es directo: dar prioridad absoluta a alimentos limpios que vayan directos al músculo. El arroz blanco, la pasta, el pan, la avena y la patata se convierten en tus mejores aliados estratégicos.

El desayuno del día clave: cero experimentos

Cuando por fin llega la hora de la verdad, el protocolo de activación es estricto. Unas dos o tres horas antes de la competición, tu cuerpo necesita exclusivamente carbohidratos simples de absorción rápida. Olvídate de inventos raros de última hora que veas en las redes sociales.

Un plátano maduro, una tostada de pan blanco o un bol de avena son opciones perfectas y seguras. La premisa fundamental que repiten todos los entrenadores de élite es sagrada: está prohibido improvisar el día de la carrera. Todo lo que te metas en la boca debe estar probado en los entrenamientos previos.

El secreto oculto del rendimiento

Alinear tu estrategia nutricional con estos tiempos cambia las reglas del juego por completo. Cuanto más glucógeno consigas almacenar en tus depósitos musculares, más tardará en aparecer el temido «muro» del maratón. Es pura matemática aplicada al rendimiento físico.

Curiosamente, este tipo de carga limpia también optimiza la hidratación celular, ya que cada gramo de glucógeno se almacena con agua. Así que no te asustes si te notas un punto más pesado en la báscula los días previos. Es agua útil que tus músculos exprimen cuando el asfalto empieza a quemar.

El margen de maniobra se agota a medida que se acerca el fin de semana de competición. Si tienes una carrera importante a la vista, comienza a revisar tu despensa hoy mismo y derriba el mito de la cena copiosa. Tu marca personal depende de los tres días anteriores, no del capricho de la última noche. ¿Vas a seguir saboteando tus meses de entrenamiento por un antojo nocturno?

Nou comentari

Comparteix

Icona de pantalla completa