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Sergio López López, entrenador: «A partir de los 50, la plancha no exige aguantar dos minutos: necesitas controlar tu cuerpo 20 o 30 segundos para progresar»

Durante años, hemos perseguido un fantasma. Esa sensación de fracaso cuando la plancha parecía eterna, cuando el cuerpo temblaba y la lumbar gritaba. Creíamos que aguantar dos minutos era la meta, la prueba definitiva de nuestra fuerza. Pues bien, todo era un error. (Sí, nosotros también nos sentimos un poco estafados).

Porque la verdad, la cruda realidad, es que el tiempo ha sido nuestro peor enemigo. No se trata de resistir al máximo, sino de controlar tu cuerpo. Especialmente a partir de los 50, cuando la magia de nuestro metabolismo cambia. No te rindas con las planchas, pero sí con la idea de convertirte en una estatua.

Ahora, un secreto sale a la luz, gracias a la experiencia de Sergio López López. Este experto, entrenador, fisioterapeuta y doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, ha desmontado el mito. ¿Su solución definitiva? Control. No minutos.

López López lo tiene clarísimo: «A partir de los 50, la plancha no exige aguantar dos minutos: necesitas controlar tu cuerpo 20 o 30 segundos para progresar». Así de contundente. La clave no es el cronómetro, sino la técnica impecable. Estás sacrificando resultados reales por una cifra vacía.

La mayoría de nosotros hacemos la plancha mal. El tiempo es un mal indicador; la estabilidad del tronco, lo que cuenta.

La visión clásica de la plancha, inspirada en entrenamientos militares, nos ha engañado. Veíamos a los soldados inmóviles y pensábamos: «Cuanto más dure, mejor». Pero López López, director asistencial de Elena Valiente Salud, insiste: «Veinte segundos de una plancha bien ejecutada tienen más sentido que prolongarla un minuto a costa de perderla». Es un truco que puede cambiar tu rutina de ejercicio para siempre.

El problema es que la fatiga llega sin avisar. Primero, perdemos la tensión en el abdomen y los glúteos. Luego, la pelvis comienza a caer o la zona lumbar se arquea excesivamente. Incluso adelantamos la cabeza o retenemos la respiración para rascar unos segundos extra. Eso, dice el experto, ya no es una plancha. Estamos haciendo un ejercicio diferente, menos efectivo y con más riesgo.

No queremos asustar a nadie, pero una pequeña variación en la postura puede indicar que ya no estamos entrenando lo que pretendemos. Si nuestro objetivo es la estabilidad del tronco, la serie debería terminar cuando no podemos mantener la posición razonablemente. Sentir los músculos quemar o un ligero temblor forma parte del esfuerzo, pero el dolor en la zona lumbar, el cuello o los hombros es una señal de alarma: para inmediatamente.

Esta solución va más allá de la simple resistencia. La plancha, lejos de ser solo un ejercicio abdominal, implica gran parte de nuestro cuerpo. Desde el recto abdominal, el transverso y los oblicuos hasta los glúteos, los cuádriceps y los estabilizadores de los hombros y la espalda. Cuando nos cansamos, nuestra capacidad para mantener la posición y distribuir la carga disminuye. Y aquí es donde la espalda puede sufrir.

La fórmula secreta para progresar a cualquier edad

Muchas mujeres, al llegar a los 50 o 60 años, se preguntan cuánto tiempo deberían aguantar. La respuesta es sencilla, y quizás te sorprenda: no hay un valor clínico universal. Sergio López propone una referencia asequible: «Si una mujer sana puede mantener correctamente una plancha convencional durante 20 o 30 segundos, ya tenemos una base perfectamente válida sobre la cual progresar». Este es tu punto de partida.

No hace falta ser un superhéroe para hacer una plancha efectiva. Con 20-30 segundos de control, ya estás haciendo más de lo que crees.

Una vez dominados esos 20 o 30 segundos, la idea es hacer el ejercicio más difícil, no más largo. Dejar de buscar el minuto infinito para optar por la calidad. El entrenador recomienda hacer entre dos y cuatro planchas de 15 a 30 segundos, con descansos de 30 a 60 segundos. Tres series de 20 segundos suman un minuto de trabajo, sí, pero con pausas que permiten recuperar la postura y mantener la calidad del ejercicio. Es una estrategia mucho más inteligente que intentar sobrevivir durante un minuto seguido con la técnica deteriorada.

¿Y cuando esas series te resulten fáciles? Entonces, y solo entonces, es el momento de retarte. Añade algunos segundos, o prueba variantes más exigentes: la plancha lateral, el dead bug, las planchas con movimientos de brazos o piernas, o los ejercicios de anti-rotación. El objetivo es la progresión, no el estancamiento.

La posición ideal: tu cuerpo como un bloque

Para conseguir esa plancha perfecta, imagina una línea recta desde la cabeza hasta los pies. Los codos deben quedar bajo los hombros, y los antebrazos deben empujar el suelo. La mirada hacia abajo para mantener el cuello en una posición cómoda. Pero la atención principal debe estar en la pelvis. Es tu punto débil, donde se ve primero el cansancio.

La pelvis debe mantenerse en una posición neutra, o con una ligera retroversión. Esto te ayudará a controlar la extensión lumbar y a activar la pared abdominal anterior. Un truco rápido para encontrar esta posición? «Acerca ligeramente el pubis hacia las costillas y aprieta los glúteos», aconseja López. Sentirás la tensión correctamente.

El abdomen debe generar tensión alrededor del tronco sin impedirte respirar. Aguantar el aire te puede dar una sensación momentánea de firmeza, pero también es una señal de que el ejercicio supera tu capacidad. Respirar correctamente es imprescindible.

Si la plancha convencional aún te cuesta, no desesperes. Empieza apoyando los antebrazos o las manos en una pared, una mesa o un banco estable. Cuanto más vertical esté el cuerpo, menos exigencia. Luego, irás bajando la altura del apoyo hasta acercarte al suelo. También puedes apoyar las rodillas o comenzar con series de cinco o diez segundos. Lo importante es que el ejercicio te proporcione una dificultad suficiente para generar adaptación y permitirte progresar.

Al final, si la plancha te sigue provocando dolor, incluso después de adaptar la postura y la intensidad, quizás es hora de sustituirla. Tu salud es lo primero. Y recuerda: resistir más no siempre significa entrenar mejor. Ha llegado el momento de cambiar el chip, ¿verdad?

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