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Comenzar el entrenamiento de fuerza si tienes entre 60 y 70 años: el consejo de Javier Abreu

¿Crees que la edad es un obstáculo insuperable para comenzar un entrenamiento de fuerza efectivo? Mucha gente piensa que pasados los 60 años, la mejor opción es la calma, o solo ejercicios suaves. Pero esta creencia, arraigada y peligrosa, nos roba una oportunidad de oro para mantener nuestra autonomía y calidad de vida.

Imagina una solución que te permita ganar músculo, mejorar el equilibrio y recuperar la confianza, incluso si no has pisado un gimnasio en décadas. El secreto no es ninguna fórmula mágica ni un gadget futurista, sino una herramienta que tenemos al alcance y que muchos expertos ya consideran la puerta de entrada definitiva para aquellos que se encuentran entre los 60 y los 70 años.

Javier Abreu, un reconocido entrenador especializado en alto rendimiento, lo tiene clarísimo: las máquinas de gimnasio son la clave. Esta afirmación puede sonar sorprendente en un mundo obsesionado con las pesas libres y el entrenamiento funcional. Pero Abreu nos revela un truco que puede cambiar por completo tu perspectiva sobre la salud y la longevidad activa.

La razón es sencilla y poderosa: las máquinas estabilizan el cuerpo y guían el movimiento con una precisión quirúrgica. Esto permite que la persona se concentre exclusivamente en producir fuerza con la musculatura que quiere entrenar, sin la distracción de mantener el equilibrio o la coordinación, que a menudo son los grandes retos a partir de los 60. (Sí, nosotros también alucinamos con la lógica aplastante que hay detrás).

Piénsalo: cuando levantas pesas libres, una parte significativa de tu esfuerzo va destinada a no caer. Esta limitación, que no tiene nada que ver con la capacidad muscular real, puede hacer que abandones el ejercicio antes de que el músculo haya recibido el estímulo suficiente para crecer y fortalecerse. Las máquinas eliminan esta barrera, permitiendo una progresión de carga segura y efectiva.

Las máquinas no son menos «funcionales» por su apariencia. Son fundamentales para construir la fuerza base que necesitamos cada día, como levantarnos de una silla.

El error de asociar «funcional» solo con pesas libres

El término «entrenamiento funcional» ha ganado mucho peso, y con razón. La idea de simular movimientos de la vida diaria con el ejercicio es poderosa. Pero Abreu advierte de un error común: confundir la similitud visual de un ejercicio (como una sentadilla) con su capacidad real para mejorar la función muscular. Una sentadilla puede ser difícil para una persona mayor no por falta de fuerza en las piernas, sino por miedo a perder el equilibrio y caer.

El verdadero objetivo del entrenamiento funcional es mejorar nuestra capacidad de realizar tareas cotidianas. Para levantarnos de una silla, necesitamos unos cuádriceps y unos glúteos fuertes. La prensa de piernas o la extensión de rodillas en máquina trabajan directamente esta musculatura, desarrollando el «motor» que luego utilizaremos sin problemas en nuestra vida diaria. Así, las máquinas se convierten en una solución inteligente para construir esta fuerza imprescindible.

Javier Abreu subraya que en una sentadilla, si el equilibrio es un problema, la serie puede terminar antes de que las piernas hayan llegado a su límite. El músculo no recibe el estímulo que podría. Una prensa de piernas, en cambio, proporciona una base estable, aísla el movimiento y permite que sean las piernas, y no la falta de estabilidad, las que dictan el fin de la serie. Lo mismo ocurre con un remo sentado o un press de pecho en máquina; permiten trabajar la musculatura principal sin tener que preocuparse por otros factores limitantes.

Cómo comenzar sin miedo y con paso firme

La llegada al gimnasio puede ser abrumadora para alguien de 60 o 70 años que nunca ha entrenado fuerza. Tantas máquinas, tantos ejercicios, el miedo a hacerlo mal. Aquí es donde las máquinas brillan como una auténtica bendición. En una máquina, no hace falta controlar la postura, el recorrido de la carga y la coordinación al mismo tiempo. Puedes sentarte, concentrarte en mover el peso, y ganar confianza con cada repetición. (Es un truco psicológico que funciona de maravilla).

El consejo de Abreu es claro: comienza con un peso ligero, suficiente para ajustar bien la máquina, comprender el recorrido y respirar sin perder la posición. Cuando ya controles el movimiento, aumenta la carga hasta que las últimas repeticiones supongan un esfuerzo real, pero siempre manteniendo el control. El objetivo no es demostrar nada el primer día, sino construir una base sólida para mover más peso con seguridad dentro de unos meses.

No debemos subestimar el valor de esta progresión. La sensación de ver cómo nuestro cuerpo responde y se hace más fuerte es un motor imparable. Y lo mejor de todo es que, como recuerda Abreu, «la edad por sí sola no convierte una máquina en peligrosa». La verdadera limitación no es el número en nuestro DNI, sino el miedo y la falta de información adecuada.

Dos o tres días de fuerza para conservar nuestra autonomía

Para mantener nuestra autonomía y la calidad de vida, Javier Abreu recomienda entrenar la fuerza al menos dos o tres días por semana. Las máquinas, como ya hemos visto, son una de las herramientas imprescindibles para trabajar los grandes grupos musculares, siempre con una progresión gradual de las cargas. Una rutina completa podría incluir ejercicios como la prensa de piernas, el curl femoral, el remo sentado y el press de pecho.

No es necesario recorrer todo el gimnasio ni hacer sesiones interminables. Abreu sugiere entre dos y tres series de 6 a 15 repeticiones por ejercicio, ajustando la carga a nuestra experiencia y capacidad. Las últimas repeticiones deben costar, sí, pero siempre manteniendo el control. Llegar al fallo muscular continuamente no es necesario para progresar, y de hecho, puede ser contraproducente al principio.

Las máquinas pueden ser el pilar de estas sesiones semanales, complementándose con ejercicios más funcionales para levantarse del suelo, subir escaleras o reaccionar ante una pérdida de estabilidad, una vez ya se ha ganado una base de fuerza. (Así es como construimos un cuerpo a prueba de todo, paso a paso).

El gran secreto: no debemos entrenar a una persona mayor como si fuera frágil. Debemos entrenarla según su capacidad actual, y hacer que esta capacidad crezca cada día.

En resumen, tanto si eres una persona de 60-70 años que comienza de cero, como si ya llevas tiempo entrenando, las máquinas son una herramienta potentísima. Su capacidad para aislar el músculo, permitir una progresión segura y reducir el miedo a caer las convierte en una de las mejores inversiones que podemos hacer en nuestra salud y en nuestro futuro. Negarse a utilizarlas sería cometer un error que nuestro cuerpo no perdonaría.

Así que, ya sabes. ¿Estás preparado para dar el primer paso hacia una vida más fuerte y autónoma?

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