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Dr. Paul Thompson, neurocientífico: «Cuando estás dormido, el sistema glimfático limpia los productos tóxicos del cerebro como en un túnel de lavado»

Vivimos en una sociedad donde la productividad se ha convertido en una especie de religión invisible. (Y sí, nosotros también confundimos con demasiada frecuencia descansar con perder el tiempo). Pensamos que las horas que pasamos con los ojos cerrados representan un paréntesis vacío, una simple pausa necesaria para cargar un poco la batería antes de volver a empezar. Pero la realidad biológica es absolutamente diferente de lo que pensamos.

Hay factores relacionados con la alimentación y con nuestro estilo de vida físico que impactan de manera directa sobre la salud del cerebro a largo plazo. No obstante, tendemos a despreciar con demasiada frecuencia el descanso nocturno, olvidando que el rendimiento cognitivo y el estado de ánimo dependen de este equilibrio. Dormir no constituye ningún tipo de lujo prescindible, sino un proceso absolutamente indispensable para asegurar la supervivencia y la reparación integral de todo nuestro organismo.

El papel decisivo de la neurociencia

Según explica el doctor Paul Thompson, neurocientífico especializado en imágenes cerebrales, tendemos a caer en el error de pensar que el cerebro se desconecta completamente durante la noche. (Nos imaginamos un ordenador apagado del todo, pero nada más lejos de la realidad). Gracias a las nuevas tecnologías de imagen, la ciencia ha descubierto procesos fascinantes que suceden mientras dormimos profundamente y que cambian por completo nuestra perspectiva.

Existe un mecanismo conocido como sistema glimfático del cerebro que se activa precisamente en esas horas de reposo. Tal como señala el especialista, durante el sueño se producen una especie de ondas circulares que funcionan exactamente igual que un túnel de lavado. Mediante este movimiento, el líquido cefalorraquídeo se encarga de eliminar de manera eficaz los productos tóxicos acumulados en el cerebro.

Dormir no es un tiempo de inactividad pasiva; es el momento en que el cerebro se limpia a fondo para proteger nuestra salud futura.

Este descubrimiento demuestra que nuestra máquina más compleja necesita tiempo para trabajar en ella misma sin interferencias externas. Si conseguimos regular adecuadamente el descanso nocturno y corregimos al mismo tiempo los factores relacionados con nuestros hábitos diarios, podemos lograr disminuir notablemente el riesgo de sufrir enfermedades tan graves como el alzhéimer o el párkinson.

La importancia de abandonar los malos hábitos

Para la gran mayoría de personas, el sueño sigue siendo un auténtico desconocido, hasta el punto de tratarlo prácticamente como un mal necesario o una molestia diaria. (Nuestra cultura del cansancio nos hace verlo así). Pero suceden tantas cosas vitales cuando cerramos los ojos que ignorarlo equivale a jugar a la ruleta rusa con nuestra propia salud mental y física.

La supervivencia del individuo y el correcto funcionamiento de nuestras capacidades cognitivas dependen directamente de este proceso fisiológico. Si realmente queremos disfrutar de una buena calidad de vida cuando estamos despiertos, no nos queda más opción que aprender a dormir bien. Al fin y al cabo, nadie más va a hacer este trabajo por nosotros, y la prevención comienza siempre por respetar los ritmos biológicos naturales que la ciencia se encarga ahora de recordarnos con datos en la mano.

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