Durante los meses en que la Grada de Animación del Fútbol Club Barcelona estuvo cerrada, en los partidos azulgranas se escuchaban a menudo cánticos que reclamaban su regreso. «Queremos la grada de animación» se había convertido en una reivindicación que sonaba más de una vez en cada duelo y de manera mayoritaria en el estadio. Era evidente que el barcelonismo echaba de menos ese empuje que da vida a la grada. Ahora que ha vuelto a abrir, bajo el nombre de Gol 1957, el Spotify Camp Nou tiene otra cara. Los cánticos, los gritos, las banderas, los colores y el apoyo constante ayudan a crear un ambiente que se agradece muchísimo. Quizás el Barça no necesita una grada de animación para ganar partidos, pero ayuda -y mucho- a alcanzar los objetivos.
Ahora bien, ¿a qué precio?
El Barça ha decidido, nuevamente, suspender la actividad del Gol 1957. Esta vez es de manera temporal, solo para el partido contra el Alavés, a causa de los incidentes del clásico y de la acumulación de expedientes por comportamientos contrarios a los valores del deporte. El episodio más grave fue el intento de agresión a Eduardo Camavinga con el palo de una bandera durante la celebración de un gol del Real Madrid. Una imagen inadmisible que no se puede justificar de ninguna manera. No hay rivalidad futbolística, sentimiento de pertenencia ni defensa de unos colores que pueda servir de excusa para agredir a un jugador, que, además, solo estaba celebrando un gol.
El problema, sin embargo, viene de más lejos. Los incidentes del clásico han sido el detonante de una decisión que llega después de varios episodios y advertencias, los mismos que, según los argumentos del club, ya causaron el primer cierre de la Grada. Los cánticos ofensivos, los insultos y comportamientos violentos que se vienen produciendo en la zona de animación desde hace años no son hechos aislados que se puedan despachar como una simple anécdota.
Sería profundamente injusto, sin embargo, meter a todos en el mismo saco. Algunos de los grupos que forman parte de la Grada de Animación y la gran mayoría de sus miembros llevan a cabo un trabajo muy positivo, tanto por el apoyo que dan al equipo como por su implicación en las reivindicaciones relacionadas con los derechos y las libertades del país. El barcelonismo también es eso: una manera de entender el fútbol que va más allá de los noventa minutos. Más que un club, que dicen. Hay mucha gente que dedica tiempo y esfuerzos a animar al Barça, que acompaña al equipo cuando las cosas van mal y que vive el club con una pasión e identidad que merecen todo el respeto. Pero que haya gente que hace las cosas bien dentro de la Grada -una mayoría- no elimina el problema. También hay personajes que se acercan para exhibir actitudes ultras, odiar y protagonizar episodios violentos. Personas que, con su comportamiento, ensucian el trabajo de todos los demás. Y esto es lo que hay que afrontar, sin excusas ni ambigüedades.
Se puede hacer un paralelismo con lo que pasa en otros espacios de movilización colectiva, como en los disturbios de las calles de Barcelona o en los de Francia. La mayoría de las personas que participan en una concentración o que comparten una reivindicación no tienen nada que ver con los episodios violentos que puedan protagonizar algunos individuos. Pero estos episodios acaban condicionando la percepción de todos. En una grada de fútbol pasa algo similar: miles de personas pueden ir a animar, a expresar sus ideas y a defender sus colores, pero basta con que unos pocos crucen todas las líneas rojas para que el conjunto quede señalado.
El Barça y la Grada de Animación, por tanto, tienen un problema que no se resolverá simplemente cerrando el espacio durante un partido. La medida contra el Alavés es un toque de atención, y el club quiere que el Gol 1957 vuelva a funcionar contra el Aston Villa. Pero la reapertura no puede convertirse en una manera de pasar página sin haber resuelto nada. Es necesario que los grupos asuman responsabilidades, que haya compromisos reales y que el club actúe cuando se produzcan comportamientos inadmisibles. Sí, queremos la grada de animación. La queremos porque el Camp Nou necesita ambiente, porque el apoyo de la afición puede ser determinante y porque hay mucha gente que trabaja honestamente para hacer del Barça algo más grande que un equipo de fútbol. Pero no la queremos a cualquier precio.

