No nos hagamos los tontos: ningún culé puede estar contento con la derrota del Barça contra el PSG. Ahora bien, teniendo en cuenta el contexto, la derrota en el Parque de los Príncipes también puede ser, en cierto sentido, una manera de ganar. No porque se deba buscar consuelo en una derrota, sino porque hay partidos que te permiten descubrir qué te separa de los mejores. El Barça se fue con las manos vacías contra el PSG, pero con una lección que Hansi Flick debería tener muy presente si los dos equipos se vuelven a encontrar en una eliminatoria o, como muchos esperan, en una hipotética final de la Champions.

El técnico alemán apostó por un intercambio de golpes en lugar de disputar el dominio del centro del campo. Y la jugada no le salió bien. El PSG es más potente físicamente, llegó más entero al tramo final y supo aprovechar mejor los momentos en que el partido se descontroló. El Barça, además, perdonó ocasiones claras y confundió verticalidad con precipitación durante buena parte del segundo tramo de la primera mitad. Contra un rival de este nivel, tomar riesgos no es necesariamente ser valiente: también hay que saber cuándo conviene detenerse. Este es el aprendizaje que puede extraer Flick del partido. El Barça no está tan acostumbrado a jugar al intercambio de golpes y, cuando renuncia a controlar el centro del campo, pierde una de sus mejores armas. Si hay una próxima vez, podría ser más pertinente un equipo preocupado por gobernar el partido, con Pedri y Rodri como piezas clave para ganar el control de la zona central.

Tampoco sería justo quedarse solo con los errores. El Barça tuvo fases en las que compitió de tú a tú y, durante algunos minutos, incluso fue superior. Hay fútbol de sobra y mucho margen de crecimiento para mirar al futuro con optimismo. Pero competir bien a ratos no es lo mismo que dominar un partido, y es aquí donde aún se nota la diferencia entre ambos equipos. Por eso esta derrota puede tener valor. El Barça ha comprobado que no basta con atreverse contra el campeón de Europa: también debe encontrar la manera de desactivarlo. El PSG hoy es mejor, pero saber por qué lo es puede ser el primer paso para dejar de serlo mañana.



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