Correr es de cobardes es el título del documental que Mundo Deportivo acaba de estrenar sobre la figura legendaria de Carles Rexach. El lema describe una filosofía del fútbol basada no en la superioridad física, sino en el talento y la inteligencia para hacer que sea el balón el que corra más que el jugador, con el objetivo de atacar y dominar al rival. El concepto es potente y el Barça lo tiene grabado en su libro de estilo, en las paredes de la Masia y en las vitrinas del Museo, pero puede llegar a confundir. Esto no va de ir de sobrado o jugar de salón, sino de correr tanto como sea necesario, cuando sea necesario y con la velocidad e intensidad que sea necesario, pero cuando toca y con sentido.
El Barça de Flick es un buen ejemplo de esto. Su inicio de temporada es impactante. «Parece que jueguen a un deporte diferente del que jugamos nosotros», dijo hace unos días Simeone, el entrenador del Atlético de Madrid. El equipo blaugrana ha ganado todos los partidos (siete de Liga y uno de Champions), golea con facilidad, se ha mostrado muy superior a casi todos los rivales y lidera la Liga con seis puntos de ventaja sobre su rival directo, el Real Madrid. Da la sensación de que aquel baby Barça de hace dos temporadas ha madurado, ha fichado muy bien este verano y ha sumado el punto de liderazgo, profundidad y competitividad que le faltaba para aspirar al máximo. Pero también ha corrido.
El Barça es de los equipos que más corren de la Liga, el quinto, con 104,6 km por partido, solo superado por Celta, Levante, Elche y Valencia y muy por delante del Madrid de Mourinho, que -casualidad o no- es el que menos corre de los 20 equipos de la Liga (96,5 km). El Barça también es el equipo que más veces esprinta (142 veces por partido). Y entre los 50 jugadores de la Liga que más kilómetros recorren por partido están Rodri (7º), Pedri (8º) y Fermín (43º), mientras que -oh sorpresa- no hay ninguno del Madrid. La clave de la cuestión es que todo este esfuerzo está enfocado a someter y desbordar al rival de turno. En otras palabras, correr para presionar la salida de balón del rival, para cerrar líneas de pase, para ir a todos los duelos, para hacer ayudas defensivas cuando la presión ha fallado, para hacer desmarques al espacio o para atacar el área en el momento adecuado.
El resultado está a la vista. El Barça utiliza el talento para hacer correr el balón y utiliza piernas y pulmones para optimizar ese talento y pasar por encima de los rivales, por ejemplo, marcando 36 goles en ocho partidos oficiales (4,5 por partido). No siempre será así, pero de momento los partidos del Barça son un espectáculo.

