Hace casi dos décadas que Luis Aragonés tuvo el acierto, la personalidad y la piel dura (en ese orden) para dar un giro de 180 grados al rumbo de la selección española. Lo que había sido templo de la furia española y patio de juegos del madridismo futbolístico y mediático se convirtió en un proyecto más racional basado en un fútbol de marca con personalidad propia, que prefería el talento, la meritocracia y el colectivo antes que el empuje, las categorías y los nombres intocables. A Aragonés, madrileño de raza, no le cayeron los anillos por adoptar la filosofía del Barça y basar su selección en el talento de la Masia, aunque para hacerlo tuviera que destruir el ecosistema en el que gobernaba Raúl, escoltado por Michel Salgado y Cañizares y venerado por todo el entorno mediático madrileño.

Que el emblema del nacionalismo español que es la selección, cediera poder y protagonismo a la periferia en detrimento del madridcentrismo secular fue una revolución lamentablemente limitada al fútbol que muchos no entendieron entonces y algunos todavía no han digerido del todo, pero los resultados acaban marcando la certeza del rumbo. Y la España de Luis Aragonés ganó la Eurocopa de 2008, 42 años después del único trofeo importante en las vitrinas españolas, la Eurocopa de 1964. Vicente Del Bosque, mantuvo la apuesta y ganó el Mundial de 2010 en Sudáfrica con Piqué, Puyol, Busquets, Xavi, Iniesta, Pedro y Villa en el equipo titular y Víctor Valdés en el banquillo de la final ante los Países Bajos. Todos los goles en aquel Mundial (8) los marcaron jugadores del Barça (Villa 5, Iniesta 2 y Puyol 1), incluido el de Iniesta que supuso el título.

Dos años después, la Eurocopa de 2012 puso la rúbrica al cambio de paradigma hasta el punto de que el fracaso del Mundial de 2014 y la falta de éxito en la etapa de Luis Enrique generaron más ruido que cambios significativos en el plan de acción. Luis De la Fuente tiene su mérito en esto, porque ni la fama lo precedía, ni tenía el crédito regalado, ni caía especialmente bien viniendo del organigrama del impresentable expresidente de la Federación Española, Luis Rubiales, pero tenía claro cuál es el principal activo de la selección española para competir al máximo nivel, su estilo, que sigue siendo el del Barça, y el grupo de jugadores que mejor lo interpretan, entre los cuales otra vez ocho del Barça (Joan García, Cubarsí, Eric García, Gavi, Pedri, Olmo, Lamine Yamal y Ferran Torres), cinco con un rol decisivo en el éxito del equipo: Cubarsí, Olmo, Pedri, Lamine Yamal y Ferran Torres, el autor del gol de la final. El mismo guion que hace dieciséis años le sirvió para vencer a la Holanda más defensiva, agresiva y pragmática que se recuerda y que ahora le ha servido para vencer a la Argentina de Messi, más competitiva que nunca pero menos futbolera que la España de Lamine. Y el fútbol ha hecho la diferencia.



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