La temporada apenas acaba de comenzar -y ya hay una insoportable pausa de selecciones de tres semanas-, pero el Fútbol Club Barcelona de Hansi Flick funciona como si estuviera en el momento de máxima exigencia del curso. La base es prácticamente la misma, el entrenador es el mismo y la idea futbolística tampoco ha cambiado mucho. Y, sin embargo, hay algo que explica que los azulgranas hayan comenzado esta temporada con ocho victorias en ocho partidos oficiales y 36 goles, unas cifras históricas para el conjunto culé.
El secreto de Flick es haber conservado lo que ya funcionaba y añadir recursos que lo hacen más completo. El cambio no se explica por un único fichaje ni por una táctica revolucionaria. Es la suma de varias modificaciones que han acabado encajando casi de golpe. Rodri ha dado una nueva estructura al medio del campo, Raphinha se ha convertido en una amenaza mucho más centrada, Lamine Yamal ha dado otro paso adelante y los nuevos fichajes han aumentado la competencia. Lo más significativo es que todo esto está sucediendo mientras Flick sigue aplicando una idea de juego que el Barça ya conoce.
Rodri permite que los demás sean más libres
La llegada de Rodri Hernández es la gran novedad estructural -y eso que no era una prioridad en el mercado y más bien fue un fichaje oportunista-. El Barça ya tenía un centro del campo de mucho talento con nombres como los de Pedri González, Marc Bernal o Fermín López, pero ahora dispone de un futbolista capaz de ocupar la base de la jugada, ordenar la salida y proteger al equipo cuando pierde el balón. En sus primeras semanas en el club, su presencia ya ha comenzado a modificar las funciones de los jugadores que tiene alrededor.

Pedri es probablemente quien más se beneficia. Con Rodri detrás, el canario puede jugar más arriba y recibir en zonas donde es más determinante. Y esto permite a Flick acumular más talento por delante del balón sin renunciar a la estructura, al contrario. El técnico alemán no ha necesitado cambiar su modelo; ha incorporado una pieza que le permite ejecutarlo con más garantías. Después de unas primeras semanas de adaptación, Rodri ya se ha convertido en titular indiscutible en las alineaciones de Flick y, si no hay problemas de lesiones, así será durante toda la temporada.
Raphinha ha encontrado una nueva vida en el centro del ataque
El otro gran cambio es Raphinha. El brasileño ya era un jugador decisivo, pero Flick ha modificado su posición y su responsabilidad. Con la salida de Robert Lewandowski y Ferran Torres, el Barça necesitaba un goleador y ha llegado de la manera más inesperada: con un cambio de posición de Raphinha. El resultado ha sido espectacular. El capitán azulgrana acumula doce goles en solo siete jornadas de Liga -y dos más en la UEFA Champions League- y acaba de encadenar dos hat-tricks consecutivos, contra el Racing y el Sevilla. Este último partido fue especialmente significativo: el Barça encajó primero, sufrió durante buena parte de la primera mitad y terminó remontando gracias a tres goles del brasileño.

La nueva ubicación de Raphinha también tiene consecuencias para Lamine Yamal. El brasileño puede aparecer dentro del área mientras el catalán conserva más libertad a la derecha, y los dos pueden intercambiar posiciones. Esta movilidad hace que el rival tenga más difícil identificar qué jugador debe seguir y, sobre todo, elimina la dependencia de un delantero centro fijo. El brasileño está participando mucho más en el juego central y, al mismo tiempo, mantiene una enorme capacidad para atacar el espacio.
Lamine ya no necesita permiso para decidir
El tercer cambio es el mismo Lamine Yamal. Hace unos meses ya era una de las grandes estrellas del fútbol mundial, pero ahora juega con una responsabilidad aún mayor. Su capacidad para generar ocasiones, superar rivales y llegar a zona de remate se ha traducido en una producción ofensiva que lo sitúa como una de las grandes referencias del equipo. Después de siete jornadas, Lamine suma siete goles en la Liga, mientras que también lidera al Barça en varios apartados ofensivos como los regates y participa constantemente en la creación de peligro. El Barça tiene ahora dos futbolistas capaces de convertir una jugada aparentemente muerta en una ocasión de gol: Raphinha y Lamine.

Hay mucho más Barça en el banquillo
El otro cambio importante no es quién juega, sino quién espera. Flick tiene ahora muchas más alternativas. Gabriel Jesus, Karim Adeyemi o Anthony Gordon ofrecen alternativas al ataque, mientras que Dani Olmo, Fermín López, Pablo Gavi o Marc Bernal completan un abanico de posibilidades mucho más amplio en el medio del campo -a la espera del regreso de Frenkie de Jong-. Esto ha provocado una situación poco habitual: jugadores que la temporada pasada tenían un papel central pueden comenzar algunos partidos en el banquillo. Flick ya ha reconocido que esta situación no es sencilla de gestionar, pero también es uno de los efectos de haber aumentado la competencia interna.
El Barça sigue siendo el Barça, pero con más recursos
El nuevo Barça no es revolucionario, porque no ha abandonado lo que hacía. Es todo lo contrario. Flick ha mantenido una identidad basada en la presión, la posesión agresiva, los ataques rápidos y la capacidad de jugar muy arriba, pero ahora dispone de más futbolistas capaces de ejecutar esta idea, alternativas, una plantilla que le permite modificar las piezas sin cambiar necesariamente el plan. Los datos explican hasta qué punto este proceso ha funcionado rápidamente. El Barça ha ganado los siete partidos de Liga, lidera el campeonato con 21 puntos y ha marcado 31 goles, un promedio de 4,2 por partido. También lidera la posesión, las asistencias, los tiros a puerta y la eficacia de pase en campo contrario.
Todo esto, sin embargo, llega solo unas semanas después de comenzar la temporada. Es demasiado pronto para saber hasta dónde llegará este equipo y también hay aspectos por corregir, especialmente algunos desajustes defensivos que han aparecido incluso en las goleadas. Contra el Racing, por ejemplo, el Barça encajó dos goles a pesar de terminar ganando 7-2. Pero esta es precisamente la gran noticia para Flick: no ha necesitado comenzar de cero. Ha tomado un equipo que ya funcionaba y, en pocos meses, le ha añadido piezas y variantes que han hecho crecer su potencial. El Barça es reconocible respecto al curso pasado, pero también es evidente que algo ha cambiado.

