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Miguel Induráin, 5 veces ganador del Tour: «En mi época no calculábamos los carbohidratos, el secreto era no sufrir una pájara»

El ciclismo actual se ha convertido en una ecuación matemática casi aburrida. Vatios, miligramos, sensores de glucosa en tiempo real y nutricionistas que pesan cada grano de arroz antes de una gran etapa. Pero hubo un tiempo en que las leyendas se forjaban con intuición, sudor y comida real.

Miguel Induráin, el hombre que dominó el Tour de Francia durante un lustro entero, ha lanzado una bomba de nostalgia y sentido común que ha hecho temblar los cimientos del alto rendimiento moderno. Su filosofía era tan sencilla como demoledora. En una época sin tantas cifras, el verdadero objetivo era sobrevivir al día a día.

La línea entre la gloria y el fracaso absoluto en la carretera es extremadamente fina. Hoy en día, los ciclistas viven obsesionados por no cargar ni un gramo de grasa de más. Pero, ¿realmente hemos mejorado tanto o hemos perdido el norte por el camino? El gigante de Villava lo tiene muy claro.

La dieta de los cinco Tours: sin básculas ni sofisticaciones

Olvídate de los geles energéticos con sabores artificiales y de los suplementos de última generación que cuestan una fortuna. En los años noventa, la preparación para afrontar los puertos más duros de los Alpes o los Pirineos se basaba en lo que encontraban en la cocina del hotel. No había espacio para la paranoia científica.

Induráin recuerda que su fuente de energía principal era la comida sólida y tradicional. Los plátanos, los pequeños pasteles y, sobre todo, los bocadillos de toda la vida eran los verdaderos combustibles que impulsaban Banesto. Se trataba de llenar el depósito con nutrientes reales que el cuerpo reconociera al instante.

Esta declaración no es solo una anécdota divertida para contar a los amigos durante la salida del domingo. Es una lección magistral de fisiología aplicada. El cuerpo humano, bajo un estrés extremo de cinco horas sobre la bicicleta, agradece la digestibilidad de los alimentos de verdad por encima de los preparados químicos modernos.

El terror de cualquier ciclista: la pájara

Quien ha salido a pedalear durante más de tres horas sabe perfectamente de qué hablamos. La pájara, ese vacío repentino de energía que te deja clavado en la carretera, es el peor enemigo del deportista de asfalto. Cuando aparece, las piernas no responden y la cabeza solo quiere bajar de la bicicleta.

Para Induráin, la gestión de este peligro no dependía de una aplicación móvil ni de un plan diseñado por un ordenador a miles de kilómetros de distancia. Se basaba en las sensaciones corporales. Conocer los propios límites y saber escuchar las demandas del organismo antes de que fuera demasiado tarde era la única aplicación que necesitaban.

El secreto de aquellos éxitos no residía en comer menos para estar más delgado, sino en comer lo suficiente para no quedarse nunca sin energía. Una estrategia que hoy en día muchos ciclistas amateurs olvidan en su afán por imitar a los profesionales de la báscula, sufriendo desnutrición y bajadas de rendimiento constantes.

La pérdida de la intuición en el deporte moderno

La tecnología nos ha dado datos infinitos, pero nos ha robado el instinto. Hoy, si el ciclocomputador no dice que debemos comer, no comemos. Si el potenciómetro dice que vamos demasiado rápido, aflojamos. Hemos convertido un deporte de pasión y resistencia en un laboratorio sobre ruedas.

El método de la vieja escuela que defiende Miguel Induráin reivindica precisamente este factor humano y mental. El control del ritmo y de la alimentación mediante el autoconocimiento permitía a los corredores de antes adaptarse a cualquier imprevisto sin entrar en pánico porque un sensor había fallado.

Esta obsesión por el peso y la perfección milimétrica también genera una presión psicológica brutal. Comer se ha convertido casi en un pecado para muchos jóvenes ciclistas, cuando debería ser la herramienta principal para poder entrenar más y mejor al día siguiente.

La lección que puedes aplicar a tus salidas

No hace falta que seas un profesional que aspira a ganar el Giro de Italia para aprender de esta filosofía. La próxima vez que te prepares para una ruta larga, deja en casa los productos ultraprocesados y vuelve a las raíces que hicieron grande a Induráin.

Un buen bocadillo de pavo, un par de plátanos bien maduros y una porción de membrillo te darán toda la energía que necesitas sin castigar tu estómago. Además, tu presupuesto mensual también lo agradecerá enormemente (porque sabemos que la suplementación deportiva moderna está a precio de oro).

Al final, la bicicleta sigue siendo el mismo deporte de siempre: dos ruedas, pedales y tu capacidad de sufrimiento. No dejes que la tecnología te haga olvidar el placer de pedalear y, sobre todo, de disfrutar de un buen festín a medio camino para evitar la temida pájara.

La próxima vez que alguien te hable de ratios de absorción de carbohidratos en la grupeta, sonríe y recuerda al gran Miguel. Quizás el secreto para ir más rápido no era mirar tanto la pantalla, sino confiar más en lo que te pide el cuerpo. ¿Prepararás un bocadillo de jamón para tu próxima salida?

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