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Jordi Catalan, el profesor de la UB con cáncer agresivo: «Prefería dar clases a quedarme en casa con dolor»

Esto va de fondo, de la resistencia humana más pura. Imagina afrontar un diagnóstico de cáncer agresivo, una enfermedad que devora tus huesos y te condena a un dolor constante, pero decidir que tu misión vital es demasiado importante para abandonarla. Es la historia de un hombre que nos enseña una lección imprescindible sobre la vocación y el propósito.

Jordi Catalan, catedrático de Historia Económica de la Universidad de Barcelona, es este hombre. Después de más de cuarenta años dedicado a la enseñanza, se encontró con una realidad cruel: un mieloma múltiple con metástasis ósea que, durante un año crucial, nadie detectó. (Sí, nosotros también nos preguntamos cómo fue posible que el sistema fallara así.)

Los síntomas comenzaron hace tres años, pero el diagnóstico definitivo no llegó hasta hace dos. Dolor intenso, vértebras rotas… y todo atribuido a una simple contractura. Hasta que, en el verano de 2024, un médico jubilado en Vic realizó la prueba clave: una gammagrafía ósea que reveló la cruda verdad. Esta demora fue un error crítico, permitiendo que la enfermedad avanzara sin freno.

Su odisea médica lo llevó al Hospital de Sant Pau. La lista de espera para iniciar el tratamiento era larga, y su estado se deterioraba rápidamente. No podía ni sentarse, ni vestirse. Aquí es donde aparecen sus «ángeles guardianes»: la doctora Annalisa Paviglianiti, que adelantó la quimioterapia, y una enfermera que, al verlo sufrir, ordenó su ingreso inmediato. Esta decisión urgente fue su salvación.

La lucha contra el tiempo y el dolor

La quimioterapia fue efectiva, un auténtico milagro ante la gravedad del cáncer, pero las consecuencias del diagnóstico tardío ya eran irreversibles. Las vértebras y costillas habían sido devoradas, dejándole un dolor crónico y dos costillas rotas. Para controlarlo, debe recurrir a dos parches de fentanilo, una sustancia extremadamente fuerte que espera poder dejar algún día. Su valentía es un ejemplo de resiliencia, a pesar de la dureza de la situación.

Después de un año y tres meses de baja, la idea de volver a las aulas se hizo fuerte. Habló con su médico, que, a pesar de advertirle que tenía los huesos «como el queso gruyère», reconoció su actitud inquebrantable. «Prefería dar clases que quedarme en casa quejándome por el dolor», dijo Catalan, revelando su verdadero secreto: la pasión por su trabajo como motor vital.

La vida es muy bonita y no debemos rendirnos nunca. Debemos buscar lo que nos gusta y hacerlo sin miedo a equivocarnos.

En febrero del curso pasado, volvió con un grupo de alumnos a los que explicó su situación con una sinceridad desarmante. ¿La respuesta? Un vídeo emotivo de agradecimiento por su entrega. Este septiembre, ha vuelto a impartir la optativa de historia económica en Cataluña, demostrando que su vocación es una fuerza más poderosa que cualquier enfermedad. Es una revelación de la verdadera fuerza del espíritu.

Una visión crítica del sistema educativo

Con 43 años de experiencia, Jordi Catalan no solo es un testigo de superación, sino también una voz autorizada sobre la evolución del sistema universitario. Ha visto cómo las pocas universidades públicas de antes han dado paso a un panorama diversificado, con más opciones, pero también con una diferencia palpable en la motivación de los alumnos. Este análisis es un toque de alerta para todos nosotros.

No se esconde a la hora de hablar de los resultados de PISA: los cree. Según él, «el nivel del país ha bajado», y compara la situación con Alemania, donde, a pesar de tener menos licenciados, estos son «buenos universitarios» con trabajo garantizado. Es un aviso claro sobre la urgencia de reformar el sistema y revalorizar los títulos universitarios.

Su mensaje a los jóvenes es un truco vital: «Todos nos hemos equivocado en la vida y se trata de levantarse y no perder la moral. Volver e intentarlo.» Un consejo que resuena con su propia experiencia. Para él, la clave es encontrar lo que te apasiona y perseguirlo con determinación, sin miedo a los errores, porque la vida es demasiado valiosa para rendirse.

El secreto de la persistencia: proyectos y descanso

Su lucha contra el cáncer no le ha quitado las ganas de trabajar. De hecho, siempre tiene proyectos, como el prólogo que está escribiendo para un libro sobre la historia de la electricidad en Cataluña. Esta actividad constante es un refuerzo vital, una manera de mantener la mente ocupada y el espíritu vivo, incluso en las circunstancias más adversas.

Pero, en medio de tanta lucha y esfuerzo, Jordi Catalan nos recuerda otro secreto: la importancia del descanso. «Dios construyó el mundo en seis días y el séptimo descansó», afirma, defendiendo el equilibrio entre trabajo y ocio. Él, a pesar de la enfermedad, encuentra consuelo y fuerza en la montaña, caminando al menos un día a la semana. Este es un salud para nuestra propia salud mental y física.

La historia de Jordi Catalan es un mensaje viral de esperanza y resiliencia. Su capacidad de encontrar un propósito en medio de la adversidad, de defender su vocación y de continuar aportando valor a la sociedad, lo convierte en un auténtico faro. Esta es una de esas lecturas que cambian la perspectiva, ¿verdad?

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