El párkinson es una de esas enfermedades que, solo con escuchar su nombre, nos evoca la imagen de un temblor incontrolable. Pero esta visión, por muy extendida que esté, oculta una realidad mucho más compleja y, en algunos aspectos, mucho más alarmante de lo que pensamos. Y es que, incluso antes de que aparezcan estos movimientos involuntarios, nuestro cuerpo podría ya estar enviando señales de alerta ocultas, advertencias que, demasiado a menudo, pasamos por alto.
¿Imaginas que algo tan cotidiano como un problema digestivo o una necesidad urgente de ir al baño pueda ser una advertencia? La neuróloga Alexandra Pérez Soriano, una de las voces más respetadas en trastornos del movimiento en nuestro país, nos pone en alerta. Su revelación es crucial para todos nosotros, para nuestra tranquilidad y la de los nuestros. (Y sí, nosotros también alucinamos con la claridad de sus señales).
La doctora Pérez Soriano es especialista en la enfermedad de Parkinson y otros parkinsonismos atípicos, combinando su labor clínica con una intensa investigación. Nos advierte que el párkinson no es solo una enfermedad de personas mayores, ni tampoco se limita a los temblores. De hecho, puede manifestarse con síntomas no motores, como el estreñimiento crónico o la sensación de urgencia urinaria, años antes de que aparezcan las manifestaciones que todos conocemos.
Estas señales iniciales son como un secreto que la enfermedad nos susurra mucho antes de hacerse evidente. Entenderlas puede ser la clave para abordar la enfermedad de una manera más proactiva, cuando el proceso biológico quizá apenas acaba de comenzar. Es una lección de detección precoz que puede transformar la vida de muchas personas, ofreciendo un margen de actuación que ahora mismo, por desconocimiento, a menudo perdemos.
Más que un temblor: las señales ocultas
El gran error que mucha gente comete es asociar el párkinson solo al temblor. La verdad es que un significativo porcentaje de pacientes nunca lo presentan, y muchas personas con temblores importantes no acaban desarrollando la enfermedad. La doctora Pérez Soriano lo tiene claro: el síntoma estrella, el más definitorio, es la lentitud de movimiento (llamada bradicinesia). Las acciones cotidianas, como vestirse o comer, se vuelven un desafío, un proceso lento y tedioso que antes era automático.
Pero volvamos a las advertencias ocultas, las que preceden años la llegada de los problemas motores. Además del estreñimiento y la urgencia urinaria, la neuróloga señala dos factores imprescindibles a tener en cuenta: la pérdida de olfato (a menudo ignorada como simple consecuencia de un resfriado) y el trastorno de conducta del sueño REM. Este último se manifiesta cuando actuamos físicamente nuestros sueños: hablamos, damos golpes o patadas sin ser conscientes. Si alguna de estas pistas te resulta familiar, no lo dejes pasar.
Cuando los síntomas motores finalmente emergen, hay otros indicios que considerar. Podemos notar una mano que tiembla en reposo, una letra cada vez más pequeña, la pérdida del balanceo de un brazo al caminar, o cierta rigidez y dolor predominante en un lado del cuerpo. La detección de estos pequeños cambios puede ser la diferencia entre un diagnóstico tardío y uno oportuno, permitiendo comenzar a trabajar en la gestión de la enfermedad antes de que avance.
Estos síntomas no motores son claves: pérdida de olfato, problemas digestivos o de sueño que se actúan. No los ignoremos. Pueden ser el primer aviso.
La complejidad del párkinson, nos explica la doctora, radica en su carácter multifactorial. Es una combinación de envejecimiento, predisposición genética (que afecta a un 5-10% de los casos directamente, y hasta un 15% con antecedentes familiares) y factores ambientales. La exposición a pesticidas o disolventes industriales, por ejemplo, puede influir. Además, la neuroinflamación y la sorprendente conexión con el eje intestino-cerebro (con cambios en la microbiota) están bajo la lupa de los investigadores. Es una enfermedad que se cuece a fuego lento, años antes de que la notemos.
El secreto de la prevención: tu «reserva» cerebral
Ante un panorama tan complejo, muchos se preguntan: ¿podemos hacer algo para prevenirla o, una vez diagnosticada, frenar su progresión? La verdad es que ningún estilo de vida garantiza una prevención absoluta, pero la doctora Pérez Soriano es tajante: sí podemos modificar parte del riesgo y, sobre todo, aumentar nuestra «reserva física y cerebral». El envejecimiento es inevitable, pero la enfermedad neurodegenerativa, no.
El ejercicio físico, especialmente una combinación de aeróbico y de fuerza, emerge como una herramienta terapéutica no farmacológica imprescindible. No solo mejora la movilidad, la fuerza y el equilibrio, sino también la autonomía y la calidad de vida en general. Es un truco sencillo, al alcance de la mayoría, que nuestro cuerpo agradecerá enormemente. También, la dieta mediterránea se relaciona consistentemente con un menor riesgo, gracias a sus efectos cardiovasculares, metabólicos y su impacto positivo en la microbiota intestinal.
¿Y el sueño? Su calidad y la regularidad de nuestros ritmos circadianos son fundamentales. El sueño no solo repara y regula la inflamación, sino que consolida la memoria y elimina productos tóxicos del metabolismo cerebral. La relación es bidireccional: las enfermedades neurodegenerativas alteran el sueño, pero un mal sueño crónico también puede favorecerlas. Controlar enfermedades como la hipertensión o la diabetes, y mantenernos activos cognitiva y socialmente, son pilares definitivos para construir esa «reserva» que nos protegerá en la vejez.
Los avances y el gran reto pendiente
En el frente de los tratamientos, la levodopa, un fármaco con más de 50 años de historia, sigue siendo el patrón de oro para los síntomas motores. Pero donde sí se ha avanzado enormemente es en su administración. Para combatir las fluctuaciones (los «ON» y «OFF» de la medicación), ahora hay terapias avanzadas como bombas intestinales o sistemas de infusión subcutánea continua. También, la estimulación cerebral profunda (DBS) es cada vez más precisa y personalizada, y para casos muy concretos, los ultrasonidos focalizados de alta intensidad (HIFU) ofrecen una opción no invasiva.
La investigación no se detiene. La doctora Pérez Soriano participa en un estudio con un sensor llamado STAT-ON, un pequeño «wearable» que, gracias a sensores de movimiento y algoritmos, puede monitorizar la actividad del paciente en su entorno habitual. Esta tecnología promete una solución para obtener datos objetivos sobre los movimientos y fluctuaciones, complementando la valoración clínica y haciendo más eficiente el tiempo en la consulta. No sustituye al neurólogo, pero puede ser un aliado potente para un seguimiento más preciso.
Pero, ¿cuál es la asignatura pendiente más grande, el gran reto? La respuesta es clara y contundente: curarlo. O, como matiza la neuróloga, encontrar un tratamiento que realmente modifique la enfermedad, que la ralentice o detenga el proceso neurodegenerativo. Las terapias actuales mejoran los síntomas y la calidad de vida, pero aún no disponemos de un tratamiento que frene el proceso biológico que la causa. El diagnóstico precoz y preciso, mediante biomarcadores que aún se están estandarizando, es el segundo gran objetivo.
Una nueva mirada al envejecimiento
Frente al envejecimiento de la población, es fácil caer en la resignación, pensando que la neurodegeneración es inherente a hacerse mayor. Pero la doctora Pérez Soriano es clara: «Envejecer es inevitable, pero desarrollar una enfermedad neurodegenerativa no lo es.» La clave es llegar a la vejez con la mayor «reserva» posible. Moverse, mantener el músculo, hacer ejercicio, comer bien… todas las medidas que hemos comentado son esenciales.
Pero hay un matiz fundamental que hay que subrayar: hacer todo esto bien no garantiza que nunca enfermaremos. No debemos convertir la prevención en una carga de culpa. Hay una parte genética, ambiental y, probablemente, también azarosa, que no podemos controlar. La filosofía es clara: «Prepárate para lo peor, pero espera siempre lo mejor.» Una visión práctica y centrada, con confianza, es el camino. Al fin y al cabo, la vida es así, llena de retos que solo el conocimiento y la voluntad nos ayudan a superar.
