La decisión del Barça de suspender el homenaje a los campeones del mundo y sustituirlo por una exaltación de la estelada antes del partido de Liga con el Athletic Club ha tocado la fibra sensible del nacionalismo español y ha generado una tormenta en el vaso de agua de las redes sociales, pero es la decisión correcta, la que está a la altura de lo que es y representa el Barça, la que mantiene a la entidad en el carril central de su historia. Si algún culé de verdad se ha sentido sorprendido, contrariado o defraudado por este posicionamiento del club es que hace tiempo que se engaña a sí mismo.

Parece que es necesario recordar que los homenajes individuales en el Camp Nou son actos de barcelonismo, de reconocimiento a los jugadores del club, nada más; y también son un aperitivo y un trámite impaciente que jugadores y público despachan rápidamente porque todos tienen en mente el partido que está a punto de comenzar. Ocho jugadores del Barça han llegado a la cima este verano y el Camp Nou está contento por los suyos y porque esto engrandece al Barça, pero el homenaje es anecdótico y opcional. Y los ofendidos que han hecho un drama de la suspensión y descalificado la decisión del Barça, incluso la legitimidad para tomarla, a todos ellos les importan un bledo los jugadores, la afición y el club. A ellos solo les importa la bandera, la de España, y lo que persiguen es el relato de que el Barça y Cataluña son españoles, tanto como cualquier otro.

El Barça es muy plural, más que ellos, porque está en su esencia, y dentro del barcelonismo hay gente que es de la selección española y otros que son de la selección catalana y viven Mundiales y Eurocopas como unos apátridas por obra y gracia del totalitarismo. A partir de ahí cada uno lo gestiona como quiere. Tú puedes identificarte con Cubarsí, Eric, Lamine y compañía o con la filosofía culé del fútbol de la selección española y no identificarte con la bandera, las proclamas patrióticas de España. El Barça, por supuesto, es toda su gente, pero también su historia, sus referentes, sus valores y su identificación con el país, Cataluña, a lo largo de los últimos 126 años. El Barça no lleva en la camiseta la misma bandera que el Madrid, el Atlético o el Sevilla, lleva la de Cataluña. El Barça habla y respeta muchas lenguas, pero siente y se expresa en la suya, el catalán. Y la historia del Barça lo ha definido y posicionado al lado de su país, su bandera, su lengua, su gente y su libertad, frente a las imposiciones y las represiones que siempre han venido de España.

Por eso, cuando la policía española actuó de forma abusiva, violenta y criminal contra unos barcelonistas y sus esteladas en nombre de la intolerancia y la unidad de España, como ocurrió en Elche y ha pasado en otros campos, el Barça no puede estar en otro lugar que defendiendo a su gente y sus banderas, porque son las banderas de la libertad de expresión, de la libertad ideológica, de la democracia y, en este caso, también, de la ley. El Barça estuvo a la altura y sus jugadores también. Y a quien le pique, que se rasque.



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