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Día de la marmota y día de Benzema (3-1)

Mientras el Real Madrid ganaba su sexta Copa de Europa consecutiva, el Paris Saint-Germain no estaba ni siquiera en gestación. Mientras el equipo blanco ha ido forjando una historia a base de grandeza, el equipo parisino ha querido imitarlo. Unos lo han hecho a base de talento, inteligencia y esfuerzo. Los demás lo han pretendido hacer a base de billetes. Pero son tan ricos que sólo tienen dinero.

El Madrid y el PSG son, respectivamente, el Míster Increíble y el Síndrome de la mítica película de superhéroes de Pixar. Y el fútbol sigue siendo un deporte maravilloso en el que se juega con las piernas, con la cabeza y no con monedas. En este juego, Karim Benzema no tiene a nadie capaz de hacerle sombra. El crack francés ha despertado de la utopía al poderoso PSG de Leo Messi, Kylian Mbappé y Neymar Jr, liderando una remontada histórica y a la madridista.

El equipo del gato ha llegado al descanso de la vuelta de esta ronda de octavos de final de Champions con dos goles de desventaja. Pero no era eso lo peor: la sensación de superioridad visitante era inmensa. El Madrid ha comenzado el primer acto mucho más a menos. Empujado por un gran ambiente en casa, apretó y encerró a los parisinos en su área. Sin embargo, no encontraban ideas para inquietar a Gianluigi Donnarumma. En estático les costaba mucho. Y en la contra sólo aparecían imprecisiones. Vinicius estaba estelar, pero el Madrid moría por la banda derecha. Marco Asensio y Dani Carvajal no estaban a la altura de la cita.

El lateral, de hecho, ha propiciado el primer gol visitante. El PSG, que esperaba tranquilo en su casa, y tras dos buenas ocasiones de Benzema, de cabeza, se ha adelantado en el marcador. Neymar ha servido a Mbappé uno de esos balones que gustan tanto al campeón del mundo. Después de que le anularan un gol, el francés, solo ante un David Alaba batido, y esta vez de forma legal, ha definido ante Thibaut Courtois con comodidad. A partir de ahí, los de Pochettino han crecido. Han salido de su cueva, para tener posesiones casi infinitas. Messi, por fin, se ha encontrado en su ecosistema. Los parisinos bailaban sobre el césped del campo rival.

Los veintidós protagonistas se han ido al vestuario ofreciendo la sensación de que la segunda parte sería un festival galo. De hecho, así ha empezado. El Madrid seguía muy incómodo. No se encontraba a sí mismo. No era el Madrid de las grandes citas. De Cardiff, de Milán, de Lisboa… no. Era un Madrid minimizado por Mbappé. El francés, al que le han anulado de nuevo un gol, provocaba tarjetas amarillas a raudales. Estaba completando un partido digno de Balón de Oro. Además, Marco Verratti y Leandro Paredes tenían muy bien contenidos a Luka Modrić, Fede Valverde y Toni Kroos.

Pasaban los minutos y no pasaba nada favorable para los intereses blancos… hasta que Carlo Ancelotti quiso. El técnico italiano ha retocado a su equipo como lo hacen pocos entrenadores en el mundo. Ha retirado los mencionados Asensio, Carvajal y un Kroos mermado físicamente para dar entrada a Rodrygo Goes, Eduardo Camavinga y Lucas Vázquez. Y éstos han respondido. El Madrid ha ganado en verticalidad, dinamismo, ideas y ambición. El primero ha mordido, el segundo ha dado energía y el tercero ha secado a Mbappé. En esas, los de Pochettino dieron un paso atrás.

Demasiado Benzema para la ingenuidad del PSG

Esta ha coincidido con una relajación excesiva de Donnarumma. A pesar de ser un gran portero (fue escogido el mejor jugador de la pasada Eurocopa), ha pecado de inexperiencia. Y es que no ha librado las batallas en las que sí ha luchado Keylor Navas. Claro que el costarricense no es el futbolista más mediático, y eso parece que no satisface por tierras qataríes.

Pero las victorias comienzan por detrás. Y Donnarumma ha sido víctima del hambre de Benzema. Como ya lo fueron Loris Karius, portero del Liverpool en la final de 2018, y Sven Ulreich, portero del Bayern de Múnich en las semifinales del mismo año. El madridista le ha robado un balón por tierra, y Vinicius lo ha recuperado para que el propio Benzema empate el partido. Con el 1-1 en el marcador, la igualada de la eliminatoria era cuestión de tiempo.

La afición se ha reenganchado y los jugadores blancos han sacado su mejor versión. Y los del PSG, su peor. Se han asustado, como ya lo hicieron el día del 6-1 del Barça. De hecho, salvando las distancias, el partido se desarrolló con el mismo desenlace. A pesar de estar encerrados nuevamente en su cueva, los parisinos ya no trenzaban contraataques. Neymar ha desaparecido y Messi también. Sólo Mbappé empujaba un poco. Pero estaba demasiado solo. Sin embargo, Benzema no lo estaba. El crack francés ha aprovechado un pasado dorado de Modrić para igualar la eliminatoria. Con el 2-1, el acceso blanco a los cuartos de final era cuestión de un abrir y cerrar de ojos.

Dicho y hecho. En la reanudación, después de que el París hubiera sacado del centro del campo, el Madrid, enfurecido, ha robado el balón a través de un Vinicius inconmensurable. Tras un error de bulto de Marquinhos, Benzema completó el hat-trick y la estocada final a un PSG que se ha diluido en su inexperiencia, ingenuidad y excesivas ganas de ser mayor que el ogro que tenía adelante. El PSG sigue empezando la casa por el tejado. Fichó a Messi y mantuvo a Mbappé el pasado verano, pero sigue sin tener un proyecto deportivo sólido. Y parece que así seguirá.

Benzema ha remontado al talento de Mbappé, al quiero pero no puedo de Messi y a la espantada de Neymar. Benzema ha remontado a la falta de proyecto del PSG. Los máximos campeones de la Champions han hundido el barco de papel de Nasser Al-Khelaifi en una noche histórica, y estarán en cuartos de final.



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