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El Girona vive una noche injusta en Montilivi contra el Villarreal (0-1)

La inspiración es una arma de doble corte porque es capaz de crear maravillas en el momento menos esperado, pero realmente puede llegar a ser agotadora cuando se la necesita y no aparece. Esta sensación la ha experimentado el Girona Fútbol Club en Montilivi contra el Villarreal. Los gerundenses han perdido su enfrentamiento contra los groguets con un 0-1 marcado por la injusticia, puesto que el equipo dirigido por Míchel Sánchez ha propuesto constantemente un fútbol ofensivo que en ningún momento se ha visto recompensado. Por otro lado, los de Marcelino se han visto recompensados en la segunda mitad, cuando han tenido la ocasión de gol más clara de todo el partido. Este resultado deja los rojiblancos a la tercera posición con 75 puntos, uno por debajo del Fútbol Club Barcelona, y con el repelús de no saber si tendrán más o menos posibilitados de depender de sí mismos para recuperar esta anhelada clasificación al tablero.

La crónica del Girona 0-1 Villarreal

Aleix Garcia y David López volvían al once titular a un partido de exigencias tanto ofensivamente como defensivamente. Los groguets ponían a prueba la creatividad colectiva del Girona con su organización defensiva. El Villarreal no estaba incómodo sin la pelota, arrinconado en su propia área. De hecho, lo buscaba intencionadamente para aprovechar rápidamente los espacios a través de los contraataques. Jugadores como Alex Baena, un «ex» querido por la afición para ser uno de los héroes del último ascenso, no necesitan muchos recursos para dar espacio a las genialidades y delanteros como Alexandr Sorloth, que físicamente parecen muy fríos por su altura y nórdica complexión física, son capaces de calentar los duelos con detalles de calidad.

Después de los minutos iniciales, los rojiblancos se reforzaron gracias a la seguridad que aportaba Eric Garcia. Sabiendo que el central ofrecía garantías en la hora de jugar la pelota y defender en el espacio, los gerundenses estuvieron dispuestos a asumir más riesgos. A buscar soluciones creativas con una belleza a la altura de Girona cuando es primavera. Los de Míchel se fijaron en el hecho que la solución se encontraba por la banda derecha o, al menos, había más posibilitados allá. Primero fue Victor Tsygankov, que en el minuto 27 tuvo la ocasión de gol más clara para los locales con un chut que se escoró hacia la derecha de la portería de Filipo Jörgensen, portero del Villarreal. Cuando Savinho se dio cuenta de donde se celebraba la fiesta, cambió su posición para unirse. Aportó diversión y mucho peligro, acercando más ocasiones para un Artem Dovbyk que lucha para ser el máximo goleador de la Liga y forzar al límite jugadores como Baena, que de milagro no cometió un penalti sobre el brasileño antes del descanso.

Las miradas tensas -pero sin llegar a ninguna pelea- entre Dobvyk y Eric Bailly, central del Villarreal, justo antes del silbato que indicaban la llegada del descanso reflejaban en qué punto se encontraba el partido: el equipo que golpeara primero con efectividad conseguiría ganar el asalto y, posiblemente, el combate. El duelo se había convertido en una lucha de boxeo, es decir, un enfrentamiento donde el físico aparenta tener mucha importancia, pero que se decide por los pequeños detalles y la técnica. El Girona llegó a la segunda parte con una dinámica paralela a la de la primera, yendo de menos además, pero esta vez los groguets supieron picar la portería de los rojiblancos. Míchel exigía más control a sus jugadores porque sabía que si daba un poco de margen al conjunto dirigido por Marcelino, este podía castigar. Así fue con un contragolpe en el minuto 59 que acabó con un gol de Bertrand Traoré. Sorloth se giró para comandar el contraataque y cuando intentaba conectar el pase con Baena, el interior la dejó pasar porque Gonçalo Guedes la pudiera recibir con ventaja. El portugués intentó finalizar la jugada con una individualidad sin éxito, pero el rebote cayó a los pies de Traoré, que definió con mucha precisión. Un chut imposible de parar para Paulo Gazzaniga.

Hecha la herida, el Girona reaccionó para intentar revertir la situación. Por no sangrar más, cicatrizar el corte y hacer ver que no pasó nada gracias a una remontada. Los gerundenses se encontraron igual que en los minutos anteriores: con la posesión de la pelota, encontrando los espacios en la defensa del Villarreal, pero no la inspiración para traducir toda su voluntad en goles. Cuando algún jugador rojiblanco tenía la bombilla encendida, la mala fortuna intervenía. Este fue el caso de Tsygankov cuando, en el minuto 63, hizo un chut escorado con toda su alma desde fuera del área para marcar un golazo para empatar y levantar el estado de ánimo de Montilivi. El larguero interrumpió cualquier sueño. Míchel buscó aumentar las pulsaciones del enfrentamiento con la entrada de Valery y Portu por Yangel Herrera y Miguel Gutiérrez, pero los gerundenses estaban a uno de aquellos días en que no tenían activada la inspiración del artista. No bajaron nunca los brazos, generando siempre más ocasiones y peligro que no los groguets. Pero se vieron obligados a recordar que, a veces, la buena voluntad no es suficiente para conseguir los objetivos deseados. Ahora, tendrán que esperar al hecho que lo Barça pinche contra el Almería por no distanciarse hasta los cuatro puntos de la segunda posición.



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