El Barça ha tomado velocidad de crucero. No necesita calentar, estudiar al rival ni esperar que el partido se abra. Sale al campo con la intención de liquidar el trabajo lo antes posible y, en Mestalla, lo ha vuelto a demostrar con una goleada incontestable contra el Valencia. El 0-5 no solo certifica el pleno de victorias en las cuatro primeras jornadas de Liga, sino que confirma que el equipo de Hansi Flick atraviesa un estado de forma extraordinario y que ha convertido los primeros minutos de cada partido en una auténtica tormenta. El Barça ya ganaba por 0-2 antes de llegar al minuto 25, pero la diferencia podría haber sido aún mayor. Lamine Yamal vio cómo le anulaban un gol en el minuto 9 por fuera de juego, después de haber abierto el marcador muy temprano.
El Valencia aún no había tenido tiempo de situarse sobre el césped cuando ya había recibido el primer golpe. El conjunto local, inmerso en una situación deportiva e institucional delicada, salió a Mestalla con más nervios que argumentos, mientras que el Barça impuso desde el principio su ritmo, su presión y su capacidad para encontrar espacios. Con Rodri como titular por primera vez, el Barça ganó pausa y autoridad en el centro del campo, pero también mantuvo su verticalidad. Fermín López, protagonista en la construcción del primer gol, amplió la ventaja después de una acción ofensiva en la que el conjunto de Flick volvió a castigar la debilidad defensiva del Valencia. En poco más de veinte minutos, el partido ya parecía decidido. El Barça había hecho lo que acostumbra a hacer últimamente: salir con la voluntad de resolver y obligar al rival a jugar siempre a remolque.

El Barça no levanta el pie del acelerador
Con el partido casi resuelto, el Barça podría haber administrado la ventaja, pero continuó buscando más. Pedri marcó el cuarto tras una jugada combinativa con Dani Olmo, una acción que resumió a la perfección la identidad de este equipo: circulación rápida, asociación entre líneas y llegada de muchos jugadores a zona de remate. El canario volvió a dejar constancia de su importancia en un equipo que, cuando juega con esta confianza, parece tener siempre un pase más y una solución más. Y aún había tiempo para una última aparición de Lamine Yamal. El delantero completó su doblete en el tramo final del partido, aprovechando una asistencia de Dani Olmo y cerrando una actuación magnífica. El segundo gol del extremo de Rocafonda puso el punto final a una tarde en la que el Barça volvió a jugar con la contundencia de los equipos que se saben superiores. Lamine ya había avisado muy temprano, había visto cómo le anulaban un tanto y, lejos de desaparecer, continuó insistiendo hasta encontrar el premio.
La goleada en Mestalla deja al Barça como líder en solitario con doce puntos de doce posibles y un balance de diecisiete goles a favor y solo dos en contra. Las cifras explican una parte del momento que vive el equipo, pero la sensación que transmite sobre el césped es aún más contundente: el Barça no espera que los partidos se pongan de cara, sino que los pone de cara él mismo. Cada jornada sale con prisa, con hambre y con la determinación de liquidar el trabajo antes de que el rival pueda reaccionar. Ahora, el reto será trasladar esta autoridad a Europa. El debut en la Champions League contra el Feyenoord llegará con el Barça en plena confianza, tras encadenar goleada tras goleada y con un equipo que parece haber convertido el inicio de los partidos en su mejor argumento. En Mestalla, los blaugranas no dieron ninguna opción. Volvieron a salir a atropellar. Y lo volvieron a conseguir.
