Ganar se aprende, sí. Pero una vez se empieza a ganar, poco a poco comienza a formar parte del ADN. En el camino, las derrotas vuelven a encontrar la manera de frustrar las alegrías, pero la clave es seguir el instinto ganador para volver a la cima y controlar el tiempo como nadie más puede. El Barça Femení hace apenas un año perdió en Lisboa una final de Champions League que dolió más que otras. El equipo de Pere Romeu se presentó en la capital portuguesa con todo a favor para ganar su tercera Copa de Europa consecutiva. Pero ese día no estaba escrito que el Barça alcanzara la gloria, y eso las jugadoras lo aprendieron rápidamente. Una vez terminado el partido, el objetivo pasó a ser claro: ganarla en Oslo.
El Barça se ha presentado en el Ullevaal Stadion con la mentalidad más clara que nunca. El único escenario posible era levantar el trofeo. La primera parte ha estado ajustada, con un Olympique de Lyon que quiso dejar claro desde el principio que para ganar esta Champions League el Barça debía sudar mucho más que otras veces. El tiempo pasaba y el Barça no conseguía ejecutar el control al que tan acostumbrado está en sus partidos. Entonces, solo hicieron falta los quince minutos del descanso para levantar la cabeza y saber que la Champions sería blaugrana pasara lo que pasara.

Una segunda parte de otro planeta
El partido comenzó a las seis de la tarde, pero el Barça abrió bien los ojos a las siete, cuando la árbitra dio paso a la segunda parte de la final. El Olympique continuaba empeñado en frustrar el póker de títulos del Barça, pero las francesas no sabían que el control del tiempo pertenecía a las vestidas de blaugrana. A partir de aquí, las jugadoras de Pere Romeu, como si fueran superheroínas capaces de detener el curso de las cosas, lo ejecutaron todo a la perfección. Aceleraron en las transiciones cuando el juego lo pedía, bajaron el ritmo del partido cuando las francesas pretendían igualar la carrera, y ejecutaron cuando el estadio más lo aclamaba.
Porque el control del tiempo solo está al alcance de aquellas que tienen el metrónomo adecuado. Guijarro, Alexia, Aitana, Pina… incluso las jugadoras del banquillo parecían frenar los embates del Olympique con solo la mirada. Cuando el reloj ya se acercaba al final, el Barça volvió a demostrar que esta generación no solo juega al fútbol: interpreta los partidos como si ya supiera qué pasará antes de que pase. El balón quemaba en los pies del Olympique, mientras las blaugrana hacían que cada segundo pesara un poco más. Y así, dominando el tiempo, los espacios e incluso las emociones, el Barça Femení ha recuperado el trono de Europa. Oslo no era solo una ciudad marcada en el calendario; era una promesa pendiente. Y las promesas de este equipo, tarde o temprano, siempre acaban cumpliéndose.
