El fútbol suele medir los éxitos en ascensos, títulos y victorias. En Lleida, sin embargo, hay una historia que estos días comienza a escribirse con otros parámetros. El nuevo proyecto del Lleida CF ha comenzado la temporada en Cuarta Catalana, la última categoría del fútbol catalán, pero con una masa social que muchos equipos de categorías superiores desearían tener. Tras años de problemas económicos, incertidumbre y frustración, el club vuelve a caminar con una idea que parecía difícil de materializar: reconstruirse desde abajo y volver a poner a los aficionados en el centro de las decisiones.
La imagen del primer partido ya resume buena parte de esta historia. El Lleida debutó el 4 de octubre en el campo del Sunyer, en un municipio del Segrià de poco más de 300 habitantes. Las entradas en línea se agotaron y la asistencia llegó a las mil personas. Sobre el terreno de juego, el equipo respondió con una victoria por 2-5. El resultado era importante para empezar con buen pie, pero la expectación generada alrededor del partido explicaba algo más profundo: el sentimiento azul está más vivo que nunca.
De tocar el cielo a comenzar de cero
La historia del fútbol en Lleida está marcada por grandes momentos y caídas dolorosas. A lo largo de su historia, la Unió Esportiva Lleida ha competido en Primera División dos temporadas, con más de 40 años entre una y otra: la 1950-1951 y la 1993-1994. La segunda aún es recordada por las victorias contra el Fútbol Club Barcelona en el Camp Nou y contra el Real Madrid en el Camp d’Esports, dos hitos que forman parte de la memoria colectiva de la afición. Pero el fútbol leridano también ha conocido de cerca el precio de las malas situaciones económicas. La histórica UE Lleida entró en liquidación y desapareció en 2011, y el Lleida Esportiu recogió el testigo. Años después, la entidad adoptó el nombre de Lleida CF, pero los problemas económicos volvieron a condicionar su futuro hasta desembocar en una nueva liquidación el pasado verano.

Ante este escenario, una parte de la afición decidió que no podía limitarse a esperar otro inversor. El proyecto impulsado inicialmente como Lleida 1939 intentó adquirir la unidad productiva de la entidad anterior para poder competir en una categoría superior, pero el juzgado no autorizó la transmisión del derecho a competir en Liga Élite. La vía para comenzar en una categoría más alta se cerró y los impulsores tuvieron que asumir que el nuevo equipo comenzaría desde la base. La alternativa fue renunciar a los atajos y construir un club nuevo. El proyecto adquirió la marca histórica del Lleida CF y activos vinculados a su identidad, como el escudo y el palmarés. También recuperó el himno de la entidad, cedido por el autor, Jordi Gonzalvo.
Más de 4.000 personas para volver a creer
La respuesta de la afición es el principal argumento a favor del proyecto. En los últimos días, el Lleida ha anunciado que cuenta con más de 4.000 socios, casi un 30% de los cuales son fundadores. Según el presidente, Andreu Ratés, son socios individuales que han decidido vincularse al nuevo proyecto. «La gente vuelve a sentir el club como suyo y lo está demostrando», afirmó en el balance de los primeros tres meses de la directiva. Además, una cuarentena de empresas han formalizado su apoyo como patrocinadoras.
💙 4.241 SOCIS I SÒCIES! La família blava no para de créixer. Ja som 4.241! 4.241 persones que fan un pas endavant pel Lleida. Gràcies per ser-hi. Seguim. Junts. 💙 #UnPasEndavant https://t.co/CBQrWEGlIK
— Lleida CF (@LleidaCF) October 5, 2026
La propuesta va mucho más allá de reunir dinero para pagar una plantilla. El modelo que defiende el Lleida CF es el de una entidad propiedad de sus socios, con derecho a voto en las asambleas y capacidad para intervenir en las decisiones importantes, desde las cuentas hasta la elección de los órganos de gobierno. La voluntad es que el club deje de depender de las decisiones de un propietario particular y que su futuro no vuelva a quedar condicionado por intereses ajenos a su masa social. Este planteamiento también responde a una herida reciente. Las sucesivas crisis han erosionado la confianza de una parte de la afición en los modelos de propiedad y gestión que han dirigido el fútbol leridano. Ahora, el nuevo proyecto quiere convertir aquella frustración en participación y responsabilidad compartida.
La utopía, también sobre el terreno de juego
La reconstrucción, sin embargo, no puede limitarse a recuperar un escudo, sumar socios y llenar un campo. El reto deportivo es enorme. El Lleida compite en una categoría formada por equipos del territorio y debe adaptarse a campos pequeños y superficies diferentes. El director deportivo, Roger de Mesa, ha dejado claro que el objetivo de la temporada es el ascenso y que la plantilla se ha construido para intentar conseguirlo.
El cuerpo técnico también es una de las apuestas del proyecto. Roger Lamesa, el entrenador, encabeza un equipo de trabajo amplio y profesionalizado, a pesar de las limitaciones propias de la categoría. Hay, sin embargo, una diferencia que ilustra bien la realidad actual: los miembros del cuerpo técnico son remunerados, mientras que los futbolistas no cobran por jugar. El proyecto quiere mantener un nivel de exigencia deportiva elevado sin perder de vista las dimensiones reales desde las cuales comienza.
También hay retos institucionales pendientes. El club ha podido mantener la actividad en el Camp d’Esports gracias a la autorización municipal, pero la directiva aún trabajaba a finales de septiembre para cerrar el convenio de uso del estadio para los próximos cuatro años. Y el fútbol base, una pieza importante para garantizar la continuidad deportiva, es un objetivo de futuro que el club querría comenzar a desplegar la próxima temporada, siempre que disponga de las instalaciones necesarias.

Volver a ser el club de su gente
Este domingo, 11 de octubre, será otra fecha simbólica para el nuevo Lleida: el primer partido de Liga como local contra el Seròs, previsto en el Camp d’Esports. Tras comenzar el campeonato en un campo de tierra, el equipo vuelve al estadio que forma parte de la identidad del fútbol leridano desde hace décadas. El camino de retorno será largo. Nadie puede asegurar cuándo volverá el Lleida a las categorías superiores ni si el modelo de propiedad popular será capaz de resistir las exigencias económicas y deportivas que le esperan. Pero el club ha conseguido algo que va más allá de la clasificación: volver a movilizar a miles de personas alrededor de un proyecto compartido.

