Con el triunfo de la selección española de fútbol en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, se ha puesto de manifiesto el potencial de una posible selección catalana oficial de fútbol. La estrella de la Roja es Lamine Yamal, nacido en Esplugues de Llobregat, criado en Mataró y formado en la Masia del Fútbol Club Barcelona. También está el caso de Pau Cubarsí, de Estanyol, elegido mejor jugador joven del torneo, o del maresmense Marc Cucurella y el egarense Dani Olmo, jugadores fundamentales para el equipo de Luis de la Fuente. De hecho, la convocatoria de la selección española para el Mundial tenía hasta nueve jugadores catalanes: a los mencionados hay que añadir a Eric Garcia, Joan Garcia, Víctor Muñoz, David Raya y Marc Pubill.
Una generación que podría ganar el Mundial
Paradójicamente, este gran momento del fútbol catalán coincide con uno de los períodos en que la posibilidad de ver una selección catalana oficial parece más utópica. Quedan lejos los primeros años del siglo XXI, cuando el equipo nacional se enfrentaba en partidos amistosos contra las principales potencias mundiales, como Brasil o Argentina, y llenaba el Camp Nou con decenas de miles de aficionados. El exjugador Jofre Mateu, formado en las categorías inferiores del Fútbol Club Barcelona con paso por equipos como el Real Club Deportivo Espanyol o el Girona Fútbol Club, es uno que defendió la camiseta de Cataluña en aquellos partidos históricos en el Camp Nou.

En declaraciones a Món Esport, el leridano recuerda su experiencia: «Vestir la camiseta de la selección catalana fue uno de los momentos más especiales de mi carrera. Era un reconocimiento muy importante, compartiendo vestuario con futbolistas de primer nivel, algunos de los cuales habían sido mis ídolos. Jugar aquellos partidos en el Camp Nou, ante un estadio lleno y contra grandes selecciones, fue una experiencia inolvidable que siempre recordaré con mucho orgullo». Jofre Mateu también recuerda qué significó enfrentarse a los mejores equipos del mundo: «Había el valor añadido de haberme enfrentado a dos de las mejores selecciones del mundo. En aquel momento, Brasil era probablemente la gran referencia del fútbol mundial, y Argentina también formaba parte de la élite absoluta».
Jofre Mateu, independentista reconocido, entiende que los jugadores catalanes disputen partidos con la selección española. De hecho, él mismo asegura que, en caso de haber sido seleccionado con la Roja, no habría renunciado. Eso sí, también deja claro que el sentimiento sería muy diferente al de jugar con la selección catalana y lamenta que no sea posible hacerlo de manera oficial: «Si me hubiera convocado la selección española, habría ido. Jugar un Mundial o una Eurocopa es uno de los máximos sueños de cualquier futbolista. Una vez estás dentro del vestuario, la carga identitaria queda en un segundo plano: lo que quieres es competir y ganar. Muchos jugadores sienten la selección como algo muy especial, independientemente de dónde hayan nacido o de su identidad, y creo que este debate, en España, a menudo se ha enfocado de una manera demasiado antigua». Mateu también admite que el Mundial ha evidenciado un cambio en la manera cómo una parte de la sociedad catalana vive la selección española: «En Barcelona no lo había vivido nunca. La cantidad de gente que abiertamente apoyaba a la selección española me ha sorprendido mucho. En solo dos años, respecto a la Eurocopa, ha habido un cambio radical«.

Los años dorados de la selección catalana
Aquel momento álgido de la selección de fútbol catalana fue posible, en gran parte, gracias al impulso de la Plataforma Pro Seleccions Esportives Catalanes. Fundada en 1998, se trata de una asociación que lucha por la oficialidad de las selecciones deportivas del país. El abogado Sergi Blázquez ha sido el vicepresidente durante muchos años —y aún lo es— y rememora con orgullo el pasado glorioso de la plataforma: «Cuando estaba en su momento más fuerte, habíamos conseguido que hasta 25 deportes fueran reconocidos internacionalmente, teníamos muchos contactos en todo el mundo y, además, la selección catalana era capaz de llenar el Camp Nou en partidos contra selecciones como Brasil o Argentina».

Blázquez, sin embargo, también explica que todo cambió con el Procés, después de que la Plataforma Pro Seleccions Esportives se convirtiera en uno de los objetivos de la operación Volhov: «Después del referéndum del 1 de octubre, la Plataforma quedó muy afectada al ser involucrada en una de las causas del Procés. Aunque el caso ha acabado archivado, la intervención provocó la pérdida de documentación, recursos y subvenciones, lo que obligó a la entidad a suspender su actividad. La Plataforma continúa existiendo jurídicamente y confía poder reanudar la actividad cuando las circunstancias lo permitan».
Del Camp Nou lleno a la desaparición de los grandes amistosos
Y eso no es todo. A partir de 2010, coincidiendo con el crecimiento del independentismo, el Estado español intensificó la presión sobre la selección catalana. La RFEF movió hilos para que diversas federaciones rechazaran las invitaciones de la Federación Catalana de Fútbol (FCF) para disputar amistosos, lo que obligó a Cataluña a enfrentarse a rivales de menor atractivo, como Honduras o Túnez. Esta situación también llevó a que los partidos dejaran de jugarse en el Camp Nou —con la excepción de un duelo contra Euskal Herria— y el interés del público se fue reduciendo progresivamente. Además, algunos clubes, como el Atlético de Madrid, impidieron que sus futbolistas catalanes acudieran a las convocatorias de la selección.
El obstáculo ya no es jurídico, sino político
A pesar de esto, en los últimos años parecía que las cosas podían cambiar. En el pacto de investidura de Salvador Illa como presidente de la Generalitat de Catalunya, ERC exigió al PSC la creación de una oficina para promover las selecciones catalanas. Lo que parecía la primera piedra de la recuperación de la lucha por la oficialidad de las selecciones deportivas catalanas ha sido una promesa política incumplida. Lo explica Gerard Esteva, presidente de la UFEC: «En el acuerdo de investidura se presupuestaron 100.000 euros para promover las selecciones catalanas, pero no se ha hecho nada. De todas maneras, con 100.000 euros tampoco es suficiente. En 2010 se destinaban 3,5 millones de euros al reconocimiento internacional del deporte catalán y, actualizándolo con el IPC, hoy deberían ser unos 5 millones. Si queremos que las federaciones den el paso, necesitan un apoyo económico real. Sin estos recursos, es normal que nadie se arriesgue a iniciar un proceso que puede terminar siendo muy costoso».

En la misma línea, Sergi Blázquez considera que el principal obstáculo actual ya no es jurídico ni proviene del Estado español, sino de la falta de voluntad política del Gobierno catalán. Según sostiene, sin un ejecutivo dispuesto a acompañar las federaciones con recursos y asesoramiento, es muy difícil que se retome el camino hacia el reconocimiento internacional: «Lo que ha cambiado es que ahora tenemos un gobierno que no cree en las selecciones catalanas. Si no tienes un gobierno que crea en ello, una Secretaría General del Deporte o una consejería que acompañe a las federaciones catalanas y les dé recursos y asesoramiento, esto crea una desilusión muy grande entre federaciones, entidades, clubes y deportistas».
Blázquez, además, insiste en que esta reivindicación no depende de tener una generación especialmente brillante de futbolistas como la actual. Defiende que el derecho de Cataluña a competir internacionalmente debería existir siempre, independientemente del nivel deportivo del momento, porque se trata de una cuestión de reconocimiento y no de resultados: «Si una selección tiene derecho a competir internacionalmente, tiene derecho siempre. Tenga un buen equipo o no lo tenga, la lucha es para que los deportistas puedan elegir. Cataluña siempre ha tenido un muy buen equipo, pero esto es independiente del derecho a competir».
¿Qué se necesita para lograr la oficialidad?
Tanto Gerard Esteva como Sergi Blázquez coinciden en la misma idea: existe el marco legal para lograr la oficialidad de las selecciones deportivas catalanas, pero lo que falta es voluntad política y apoyo institucional. El presidente de la UFEC lo argumenta así: «Lo primero de todo es que la federación tenga voluntad de ser reconocida internacionalmente. Si no la tiene, aquí se acaba el camino. A estas alturas, me consta que la Federación Catalana de Fútbol no tiene voluntad de tener este reconocimiento internacional ni de comenzar este camino. Si la tiene, hay que cumplir los requisitos que marca la legislación española, como ser más antigua que la federación española o tener un arraigo histórico importante, para que el Estado, como mínimo, no se oponga. Y, finalmente, el tercer paso es lograr que la federación internacional acepte esta incorporación. Cada deporte es diferente, pero si hay voluntad y una hoja de ruta, los estatutos también se pueden cambiar».
De hecho, la Federación Catalana de Patinaje (FCP) es una de las que consiguió el reconocimiento internacional a principios de siglo y estuvo a punto de poder competir oficialmente, una posibilidad que cayó a última hora, pero que actualmente sería diferente, como dice Esteva: «El caso del patinaje es un ejemplo muy claro. Conseguimos el reconocimiento internacional provisional, pero luego lo perdimos. Hoy, con la legislación actual, creo que una situación así no se repetiría. Lo que defendemos no va contra España ni contra las selecciones españolas; simplemente queremos que el deporte catalán, que tiene una trayectoria y un peso muy importantes, pueda tener proyección y reconocimiento internacional cuando cumpla los requisitos». Esteva recuerda que durante el primer tripartito se produjo el gran salto de las selecciones catalanas y considera que la actual mayoría parlamentaria podría repetir aquella situación si hubiera la misma determinación política: «Cuando se avanzó más fue con el primer tripartito. Se reconocieron 21 disciplinas porque había presupuesto, apoyo institucional y una apuesta clara. Ahora ERC vuelve a ser determinante para que este tema avance».
Y Blázquez añade el ejemplo del País Vasco, que recientemente ha conseguido competir oficialmente en pelota: «Para que quede claro, el marco legal ya existe y hace posible este reconocimiento. De hecho, la selección vasca de pelota consiguió hace poco la oficialidad. En otras disciplinas también hay precedentes: en su momento, los deportes de patines llegaron a estar muy cerca de obtener el reconocimiento internacional, en buena parte porque tienen un arraigo mucho más fuerte en el territorio que deportes globales como el fútbol». Actualmente, Cataluña sigue teniendo 21 disciplinas deportivas reconocidas internacionalmente, una cifra que, según Esteva, demuestra que el modelo «es viable» más allá del fútbol. Eso sí, insiste en que el apoyo institucional es clave: «Una vez tienes el reconocimiento internacional también necesitas que el gobierno te acompañe. Tienes que ir a asambleas europeas, mundiales… Si no participas, pierdes derechos».
El futuro de las selecciones catalanas se decidirá fuera de los terrenos de juego
Más allá del potencial deportivo que ha vuelto a evidenciar esta generación de futbolistas catalanes, Jofre Mateu, Sergi Blázquez y Gerard Esteva coinciden en una misma idea: el futuro de una selección catalana oficial no se decidirá en los terrenos de juego, sino en los despachos. El presidente de la UFEC reclama que las instituciones recuperen el compromiso con este objetivo. Sergi Blázquez insiste en que «lo que ha cambiado es que ahora tenemos un gobierno que no cree en las selecciones catalanas«. Y Jofre Mateu concluye, desde el ámbito deportivo: «Si una selección catalana fuera oficial y los futbolistas pudieran elegir libremente, sin represalias ni consecuencias, estoy convencido de que tendría un equipo capaz de competir contra cualquiera«.

