El Girona salió tocado del Metropolitano después de caer ante el Atlético de Madrid en una noche completamente marcada por la despedida de Antoine Griezmann ante la afición colchonera. El equipo de Míchel necesitaba puntuar para mantenerse fuera del peligro, pero terminó derrotado en un contexto emocional muy favorable para los madrileños y con un ambiente de gran fiesta en las gradas. La consecuencia es durísima: los gerundenses acaban la jornada en la 18ª posición, en puestos de descenso, y quedan a dos puntos de la permanencia cuando solo resta una jornada para terminar La Liga. El partido comenzó con un Girona valiente, consciente de que la situación clasificatoria obligaba a competir sin miedo. Aun así, el conjunto catalán se encontró muy pronto con un Atlético intenso, impulsado por un Metropolitano entregado a su gran ídolo. Toda la previa había girado en torno a la despedida de Griezmann, quien disputó su último partido como jugador colchonero ante su afición antes de marcharse a la MLS.
Los de Míchel tuvieron fases de posesión y buscaron hacer daño al contraataque, especialmente aprovechando la velocidad de sus hombres ofensivos. No obstante, los catalanes volvieron a mostrar las dificultades defensivas que les han castigado durante buena parte de la temporada. A medida que avanzaban los minutos, el Atlético fue imponiendo su ritmo y el Girona comenzó a sufrir cada vez más cerca de su área. Gazzaniga tuvo que intervenir varias veces para evitar que el marcador se ampliara antes del descanso.

El Girona se hunde en el peor momento
La derrota ha dejado un panorama muy preocupante para el conjunto gerundense. Tras una temporada llena de altibajos, el equipo ha terminado entrando en puestos de descenso justo antes de la última jornada. El golpe anímico es importante porque el Girona dependía de sí mismo hace solo algunas semanas y ahora se ve obligado a esperar una combinación de resultados para salvarse. Los últimos minutos en el Metropolitano fueron especialmente duros para los catalanes. Mientras la afición madrileña celebraba y despedía emocionada a Griezmann, los jugadores del Girona abandonaban el terreno de juego con caras de frustración y preocupación. El contraste entre la euforia local y el drama visitante resumió perfectamente una noche amarga para los de Míchel.
Ahora, el Girona afronta una última jornada absolutamente decisiva con la presión al máximo. Situado en la 18ª posición y a dos puntos de la salvación, el conjunto catalán necesita ganar y esperar un tropiezo de sus rivales directos para continuar una temporada más en Primera División.
