La jornada electoral del pasado domingo en el Futbol Club Barcelona ejemplifica de la mejor manera posible cómo es la figura de Joan Laporta. Una persona que domina la escena como nadie, de manera desacomplejada, como ha repetido Elena Fort en muchas ocasiones en las últimas horas, y que tiene ganas de fiesta, tiene ganas de mambo. Siempre tiene más ganas de mambo. Sus bailes, sus cánticos y el puro y el cava de Luz de Gas lo demuestran a la perfección. Y, después de cinco años de mambo, los culés se han contagiado de este ritmo caribeño del presidente y también tienen ganas de más, también tienen ganas de seguir bailándolo y de hacerlo durante cinco años más.
La racionalidad de Víctor Font no solo volvió a perder las elecciones, sino que perdió votos respecto a 2021 -y eso que esta vez solo había dos candidatos-, mientras que el mambo de Laporta obtuvo aún más apoyos que en los últimos comicios. Estos resultados, como el mismo presidente electo dijo tras ganar las elecciones, refuerzan aún más su figura y le dan más poder. Porque, si el mismo Víctor Font dijo al inicio de las elecciones que serían un plebiscito sobre Laporta, este ha salido claramente favorable al abogado barcelonés e indica, de manera «incontestable» -en palabras textuales del candidato perdedor- que los culés avalan la gestión de la junta directiva de los últimos cinco años y que quieren más.
Lo que durante la campaña electoral se convirtió en un argumento para atacar a Laporta, como es su «improvisación», ha acabado resultando un arma fuerte para él y de doble filo para la oposición. Puede ser que Laporta improvise, sí, pero el resultado de esta improvisación, de momento, ha aportado, aparentemente, beneficios para el Barça y los culés lo aprueban sin muchas reticencias. A falta de constatar si esto se mantendrá en el tiempo, mientras algunos pocos fruncen el ceño ante esta manera de hacer del presidente electo, con esta manera atrevida y desenfrenada de vivir la vida, la mayoría de los socios del club consideran que es justamente su mejor virtud. Y no, no le ha perjudicado bailar, gritar y cantar en momentos en que otros agacharían la cabeza ante Madrid. Todo lo contrario.

