Después de días y días de hablar del regreso de Joan Garcia al RCDE Stadium, de su reencuentro con la afición del Espanyol y del mal momento que le esperaba allí, el portero del Barça demostró en el campo que no fichó por el equipo azulgrana para empequeñecerse, sino para crecer exponencialmente. Llegaba al derbi como la víctima propiciatoria del despecho de la afición perica, pero salió como el héroe del triunfo (0-2) que consolidó al Barça de Flick como líder en la Liga y como una pieza clave del equipo en la carrera por disputar todos los títulos.
Porque esta es la gran verdad que se esconde detrás de la polémica de su paso del Espanyol al Barça. Joan Garcia fue decisivo en muchos partidos para que el Espanyol saliera airoso en la lucha por la permanencia en Primera División y ahora lo es para ayudar al Barça a ser el mejor de todos. Con las vísceras se puede explicar el malhumor de muchos seguidores porque el destino elegido fuera justamente el Barça, pero con dos dedos de frente también se puede entender la decisión del jugador de cambiar de paradigma sin tener que poner su vida en una maleta. A los que lo tildaron de rata, de Judas o pusieron su cara en un billete de dólar no se les puede pedir inteligencia, pero se les puede recordar los siete años en que Joan Garcia se ha entregado por el Espanyol, los 25 millones que al club le han venido de perlas para cuadrar cuentas y reforzar el equipo, y también que en el Espanyol Joan Garcia no era de los que más cobraba, sino de los que menos.
Ya querría Figo parecerse a Joan Garcia, porque Figo dejó el Barça solo por avaricia, por querer cobrar más fuera del Florentino candidato o de un Barça entre la espada y la pared. En todo caso, del Barça al Madrid podían cambiar cosas, pero no el estatus profesional, ni las aspiraciones deportivas. Y aquí es donde Joan Garcia está demostrando el acierto de su decisión. Algunos dudaban de su capacidad de aguantar la portería del Barça, de la adaptación a una defensa muy avanzada, de su juego de pies, de cómo le afectaría la sombra de Ter Stegen o del cambio que supone que te chuten 10 o 15 veces por partido al hecho de que te lleguen tres o cuatro veces. En pocos meses se han quedado sin argumento.
Joan Garcia ha estado toda la temporada hablando en el campo, exhibiendo talento y personalidad, convirtiéndose en número uno indiscutible en la portería del Barça y en un valor añadido para el equipo azulgrana. Y, en Cornellà-El Prat, en unas condiciones especialmente adversas para él, hizo exactamente lo mismo, dio un plus a su equipo para ganar un partido difícil, para enviar un mensaje de firmeza a los rivales directos de la Liga y para afrontar esta semana el primer título de la temporada -la Supercopa- con una dosis adicional de confianza. Él ya sabe que no se ha equivocado eligiendo al Barça, el Barça ya sabe que no se ha equivocado apostando por él y la gente del Espanyol, aunque en el fondo y a regañadientes, también lo sabe.

