Las elecciones están convocadas. El Barça, su gobernanza, su liderazgo, su modelo y el proyecto que construye su futuro, a pesar de lo que digan, vuelve a estar en manos de los socios y socias del club. Se dice mucho y con acierto que las Asambleas de Compromisarios anuales no son el órgano de gobierno democrático que se supone. Y es así, pero quizás hay que añadir que es así porque los socios lo quieren así. Cuando se quedan en casa, cuando no levantan la mano, cuando no tumban el guion de los dirigentes es porque asienten, porque ya les está bien, porque entienden que la Asamblea es suficiente fusible para proteger al club en caso de necesidad y la moción de censura en caso de peligro. Y porque saben que eligieron un presidente y un proyecto por cinco años y pasado este tiempo podrán decidir si eligieron bien, si el rumbo es bueno y si el futuro pinta bien, o no.

Y estamos justamente aquí. Joan Laporta acaba de anunciar la fecha de las elecciones, el 15 de marzo. Y ese será el día en que hablarán los socios. La última vez que lo hicieron, en 2021, el Barça naufragaba en medio de una tormenta perfecta, por una pésima gestión deportiva y económica, por el impacto de la pandemia de la Covid-19 y por el temido final de la era Messi. Los socios recurrieron entonces a Laporta para que rescatara al club, para que recuperara un rumbo que ya conocía de su primer mandato (2003-2010) y para que volviera a injertar al Barça del carácter ganador que había perdido. Cinco años después, las opiniones y los análisis son libres, legítimos y subjetivos, pero la realidad del club es la que es y las vibraciones del barcelonismo son consecuencia de esta realidad y son perfectamente evaluables.

A partir de aquí la partida está abierta y cada quien hace el planteamiento que más le conviene. Víctor Font, el candidato derrotado en las últimas elecciones, sorprende con un «plebiscito entre Laporta y el Barça», pide que se vote en día de partido (se juega el Barça-Sevilla, pero no hay fecha) y que no se vendan entradas al público extranjero para garantizar más presencia de socios. Marc Círia cree, en cambio, que las elecciones habrían sido mejor en junio, sin partido, ni tiempo para intervenir en la planificación de la próxima temporada. Es lo que nos espera. Sin embargo, esto no va de los candidatos, sino del Barça, de lo que es y de lo que será en los próximos años. Esperamos que haya más argumentos que tácticas electorales o juego sucio. Porque las elecciones son una oportunidad, pero también un motivo de orgullo, una señal de identidad, el reflejo de unos determinados valores y también son un lujo que muchos, la mayoría en el mundo del fútbol, no pueden disfrutar.



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