Fama, adulación, ego y fuga. El caso Dro perpetúa la tendencia de ciertos futbolistas jóvenes a deificarse, como el adolescente rebelde que se encierra en su habitación porque se siente incomprendido, o el cantante de rock que de repente decide volar lejos de sus compañeros de grupo para poder progresar.
Que alguien tan novato deje ocho millones de euros en la tesorería blaugrana podría interpretarse como un éxito, pero si se remueve la caja enseguida aparecerán sonoridades que chirrían. Por un lado, la ingratitud del jugador, a quien Flick se había llevado a la pretemporada e incluido en convocatorias, y que en el avión de regreso de Arabia Saudita había soplado las dieciocho velas, cortesía del club. Había un pacto verbal de renovación, que tampoco ha respetado.
El alemán ha sido claro, recordando que la oportunidad y el apoyo a los chicos de la cantera es del 100% siempre que ellos quieran jugar. Flick se alía inconscientemente con Cruyff, quien dijo que quien dudase en jugar en el Barça, no servía. Por eso no le importó que Luis Milla fichase por el Madrid: él ya había descubierto a Guardiola.
Sea por la ansia lucrativa de su representante o por algún otro motivo, parece mentira que Dro no haya sido capaz de reflejarse en Cubarsí, Balde o Fermín, ni de ver los precedentes de Ilaix Moriba -admitió el error-, Mboula, Guiu, Xavi Simmons… Solistas impacientes con excesiva concepción de sí mismos, insonorizados en orquestas lejanas. Por las expectativas y porque en ningún lugar reciben dosis similares de confianza. ¿Quién le garantiza que ahora sea diferente? Ninguno de ellos ha triunfado fuera, ni emprendido el camino de regreso, salvo Piqué -en Zaragoza no presagiaba su brillante eclosión posterior-, Cesc, Eric y Olmo.
Ahora bien, la precipitación de Dro no puede ocultar una realidad igual de crónica: la incapacidad para retener talento propio por parte del club que, para compensar las deserciones, se dedica a adquirir un sinfín de promesas extranjeras -en los últimos días, Abdelkarim, Pacífico y Tavares-, que difícilmente llegarán nunca al primer equipo. Solo hace falta repasar nombres de las plantillas recientes del Barça Atlètic: Gabriel Novaes, Lucas de Vega, Ludovit Reis, Noah Darvich, Lucas Román, Matheus Pereira y un largo etcétera. Más el ejemplo flagrante de Vitor Roque. ¿Quién se ha enriquecido? ¿De verdad esta estrategia es creer en La Masia?

