El Fútbol Club Barcelona recibe este sábado al Alavés en el Spotify Camp Nou en un partido que, sobre el papel, no debería presentar muchas dificultades. Los blaugranas juegan en casa, se enfrentan a un rival con una plantilla que, nombre por nombre, es bastante inferior y no hay una urgencia clasificatoria que convierta el duelo en una final. En condiciones normales, sería uno de esos compromisos en los que el equipo de Hansi Flick debería sumar los tres puntos sin muchas complicaciones. Pero el contexto lo cambia todo.
Limpiar después de una semana dura
El Barça llega a la cita después de una semana muy dolorosa, la semana trágica de este 2026, con las derrotas contra el París Saint-Germain (PSG) y el Real Madrid. Son dos resultados que han puesto sobre la mesa algunas dudas que hasta ahora no habían aparecido esta temporada, al contrario. El equipo había transmitido la sensación de poder derrotar a cualquier rival con muchísima facilidad, pero estos dos partidos han evidenciado que aún hay muchos aspectos a corregir. Especialmente en defensa, pero también en la gestión del balón, la construcción de las jugadas y la ejecución de la presión.

Por eso, el duelo contra el Alavés es mucho más importante de lo que parece. El Barça necesita recuperar buenas sensaciones y volver a ganar, pero también comenzar a construir una respuesta futbolística a las dos derrotas. No se trata de reinventar el equipo de un día para otro, sino de demostrar que es capaz de identificar los problemas, corregirlos y continuar creciendo. Después de una semana que ha hecho aflorar sus debilidades, los blaugranas tienen la oportunidad de comenzar a convertir las dudas en aprendizajes. Además, Flick ya no tendrá la excusa del calendario y el cansancio, ya que el Barça viene de una semana limpia.
El Alavés, un lobo con piel de cordero
Además, tampoco se puede subestimar a este Alavés de Quique Sánchez Flores. El equipo vasco ha firmado un inicio de temporada mejor de lo que se podía esperar teniendo en cuenta las características de su plantilla. Es un rival que ha demostrado tener argumentos para competir y que llega al Camp Nou con la etiqueta de un equipo capaz de poner en dificultades a los grandes. De hecho, es séptimo en la clasificación y en este inicio de curso ha derrotado a todo un Villarreal. El Barça, por tanto, tendrá que hacer su trabajo si no quiere que un partido aparentemente asequible se convierta en una nueva fuente de problemas y tendrá que jugar como si el rival fuera tan complicado como el Madrid o el PSG.

Las bajas en defensa, el gran problema del Barça
Además, Flick tendrá que gestionar una situación especialmente delicada en la línea defensiva. Las numerosas bajas dejan al entrenador alemán con las piezas contadas y prácticamente sin margen de maniobra para introducir cambios. Están fuera por lesión Jules Kounde, Eric Garcia, Andreas Christensen y Xavi Espart, así que la defensa será un rompecabezas, con Joao Cancelo, Pau Cubarsí, Gerard Martín y Alejandro Balde. Cualquier necesidad de rotación obligará a buscar soluciones imaginativas o a recurrir a jugadores de las categorías inferiores, una dificultad añadida en un momento en que las últimas actuaciones han puesto el foco en los mecanismos defensivos del equipo, entre otros.
El Balón de Oro: un punto de inflexión?
La gala del Balón de Oro, con la decepción que supuso para Lamine Yamal no llevarse el galardón y para Pau Cubarsí quedarse sin el trofeo Kopa y en la duodécima posición del ránking final de los mejores jugadores, ha introducido un paréntesis después de una semana complicada. Ahora habrá que ver si este cambio de escenario ha servido para pasar página y si el Barça es capaz de volver al campo con otra cara o si estos desengaños hacen aún más daño en la herida blaugrana.

El partido contra el Alavés no decidirá la temporada ni borrará de golpe las derrotas contra el PSG y el Madrid, pero sí que puede comenzar a marcar el camino del Barça que ha de venir. Ganar es imprescindible para recuperar la tranquilidad; hacerlo corrigiendo errores y transmitiendo una imagen más sólida sería aún más importante respecto al futuro. Porque, a veces, los partidos que parecen más sencillos son los que permiten comprobar si un equipo ha aprendido algo de sus peores días.

