Istvan Kovacs. Este es el nombre que, con razón, recordarán durante mucho tiempo los jugadores y aficionados del Fútbol Club Barcelona. Este árbitro rumano ha perpetrado un espectáculo lamentable contra el conjunto blaugrana en la ida de los cuartos de final de la UEFA Champions League. Su actuación ha sido nefasta, permitiendo que el Atlético de Madrid del Cholo Simeone pudiera atentar contra el fútbol una y otra vez, perdiendo tiempo, con juego sucio y sin ningún tipo de castigo. Ha perdonado una expulsión clarísima a Koke, mientras que no ha tenido problema en mostrar una tarjeta roja directa a Pau Cubarsí. Se ha tragado un posible penalti de Marc Pubill. Kovacs se ha cargado el partido. Un partido que el Barça había planteado muy bien, en el que tenía al Atlético contra las cuerdas y que, en cambio, ha terminado con una clara victoria colchonera (0-2). Qué injusto es el fútbol.
La crónica del Barça-Atlético de Madrid (0-2)
Hansi Flick presentó un once con las novedades de Jules Kounde en lugar de Ronald Araujo y Robert Lewandowski en el de Fermín López. Con esta alineación –Joan Garcia; Kounde, Cubarsí, Gerard Martín, Cancelo; Eric, Pedri, Olmo; Lamine Yamal, Lewandowski, Rashford– el Barça salió muy bien plantado sobre el terreno de juego, llevando la iniciativa y controlando el juego, pero sin asumir más riesgos de los necesarios, consciente de que es una eliminatoria a dos partidos.
A diferencia de lo habitual, el conjunto blaugrana volcó los ataques por la banda izquierda, con un Rashford muy participativo y un Cancelo inspirado y más ofensivo que defensivo, como siempre. De esta manera, comenzaron a llegar las primeras oportunidades. La más clara fue un tiro del inglés cerca de la portería rival que Juan Musso envió a córner. Tras algunos intentos tímidos que acababan fácilmente en las manos del argentino, Lamine Yamal, con más espacios de lo habitual, consiguió asistir a Rashford para hacer el primer gol, pero fue anulado por un fuera de juego bien señalado. Mientras tanto, el Atlético buscaba sus opciones al contraataque, a la espalda del Barça, pero la defensa, comandada por un Cubarsí excelente, secó todas las llegadas de los colchoneros.
En medio de esta situación de dominio del Barça, el Atlético apostó por hacer una de las cosas que mejor sabe hacer: intentar que no se juegue al fútbol. En cada saque de banda, de portería, en cada golpe… pérdidas de tiempo constantes con el permiso de Kovacs. A pesar de esto, los blaugranas no se desesperaron y continuaron haciendo su partido. Las llegadas eran peligrosas y, con el paso de los minutos, el juego comenzó a caer hacia el lado de Lamine. El delantero catalán estuvo a punto de sorprender al Atlético con una jugada sensacional en la que dribló a varios jugadores y el tiro final impactó contra un rival cuando iba hacia la portería. El Barça también tuvo oportunidades con un intento lejano de Gerard Martín que se fue por poco y un remate imposible de Rashford que Musso pudo detener.
El Barça tenía el partido donde quería y estaba haciendo todo lo que debía para derrotar al Atlético. Solo le faltaba el gol y la sensación era que podía llegar en cualquier momento, pero el fútbol es caprichoso y todo cambió en una jugada. En un pase al espacio para Giuliano Simeone, Cubarsí se equivocó en la marca y, cuando el argentino ya tenía la posición ganada, le hizo una falta que fue castigada con una roja clara. El Camp Nou y los jugadores del Barça estallaron de indignación, ya que el árbitro había perdonado la segunda amarilla a Koke en la jugada prácticamente anterior. Por si eso no fuera suficiente, Julián Álvarez transformó la falta con un golpe espectacular. Era ya casi el final de la primera mitad y el Barça se marchó al descanso helado.

Al descanso, Flick reestructuró el equipo para jugar con diez jugadores. Sorprendentemente, Pedri salió. También sorprendentemente, en su lugar entró Gavi, que justo se está readaptando después de su larga lesión. Además, también se fue Lewandowski por Fermín López. Desde el mismo momento que el Barça puso un pie sobre el terreno de juego en la segunda parte, hizo un ejercicio de esfuerzo ejemplar. El conjunto blaugrana se dejó la piel buscando el gol del empate y lo rozó una y otra vez. Primero, Rashford fue demasiado egoísta y no dio un pase de la muerte en un contraataque clarísimo. Luego, el mismo delantero inglés estuvo a punto de marcar de falta y se encontró primero con Musso y después con el travesaño.
Mientras tanto, el árbitro continuaba con su espectáculo dantesco particular, permitiendo todas las pérdidas de tiempo posibles al Atlético y perdonando amarillas una y otra vez. Para colmo, Kovacs se tragó un posible penalti de Marc Pubill, que tocó el balón dentro del área con la mano, después de que el portero le pasara el esférico, es decir, ya comenzada la jugada. El VAR tampoco lo avisó. Esto desesperó a un Barça que, con el paso de los minutos, se iba quedando sin fuerzas. Entonces, pasó lo peor que podía pasar. En una jugada aislada, Alexander Sorloth se adelantó a la defensa blaugrana y marcó el segundo de los colchoneros, de manera totalmente inmerecida, ya que el conjunto madrileño estaba cerrado en su área sin hacer nada de nada.
El Barça no se rindió. Flick intentó hacer cambios para sacudir las cosas y los blaugranas continuaron llegando, más con el corazón que con otra cosa, sin encontrar la recompensa del gol que tanto merecían. Kovacs mantuvo la permisividad constante al Atlético, perdonó tantas tarjetas como pudo, con una actuación que parecía responder a la perfección a los intereses del Cholo Simeone. El resultado final, este 0-2 que deja al Barça con un pie y medio fuera de la Champions. La próxima semana, el martes, el conjunto blaugrana buscará lo imposible: levantar estos dos goles en contra en el Estadio Metropolitano.

