El consejero de Deportes de la Generalitat de Catalunya, Berni Álvarez, ha expresado su “profunda indignación” por los cánticos racistas e islamófobos que tuvieron lugar durante el partido disputado este miércoles por la noche en el RCDE Stadium entre la selección española y Egipto. Álvarez ha lamentado especialmente “la demora en la activación de los protocolos” y ha asegurado que sintió “mucha indignación al ver que no se iniciaba ninguna acción” ante los primeros incidentes.
Los hechos se produjeron en varios momentos del partido, ya desde los primeros minutos, cuando una parte de la grada entonó el cántico “es musulmán el que no bote”. El consejero, presente en el palco del estadio, ha calificado la situación de “impactante” y ha señalado que el ambiente ya era “extraño” desde el inicio, con silbidos al himno egipcio que posteriormente derivaron en cánticos islamófobos. Durante el descanso, el videomarcador recordó la normativa contra la violencia, el racismo y la xenofobia en el deporte.
Retraso en la activación del protocolo antirracista
Ante la inacción inicial, Álvarez se dirigió a los responsables de la Real Federación Española de Fútbol y la Federación Catalana de Fútbol para exigir la activación de los protocolos, advirtiendo que abandonaría el estadio si no se tomaban medidas. Finalmente, estas se activaron, aunque el consejero considera que se hizo demasiado tarde y que deberían haberse aplicado inmediatamente después del primer cántico, con la posibilidad incluso de detener el partido si persistían.

El consejero ha asegurado que estos comportamientos “tienen poco que ver con el deporte” y ha alertado que el fútbol se está convirtiendo en un espacio utilizado por grupos de ultraderecha y discursos de odio. No obstante, ha querido desvincular estos hechos del club blanquiazul y ha afirmado que trabajará para que el Espanyol no salga perjudicado en caso de posibles sanciones. Finalmente, ha remarcado que estos incidentes no deberían afectar la candidatura de Cataluña como sede del Mundial 2030, aunque admite que “no ayudan y obligan a dar explicaciones”.

